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Bioseguridad como una cultura: Cómo podemos hacer funcionar un programa y que sea aplicable e implementado

Cómo implementar la bioseguridad como cultura organizacional para mejorar la salud y la productividad porcina.

La productividad alcanzada en la industria porcina en la actualidad ha superado numerosos paradigmas históricos. Bioseguridad

Parámetros como destetados por hembra por año, los kilos de carne producidos por hembra por año o metro cuadrado representan indicadores de eficiencia que hace algunos años resultaban impensables.

El desarrollo científico y tecnológico ha permitido alcanzar dichos logros. Sin embargo, considerando la creciente necesidad de proteína de alta calidad en nuestros países, se hace evidente la importancia de incrementar aún más la eficiencia de producción.

Uno de los recursos más valiosos en las granjas porcinas es la salud animal, ya que sin ella resulta imposible aprovechar de forma óptima las instalaciones, la genética, la nutrición y los manejos disponibles.

  » No obstante, las poblaciones porcinas enfrentan múltiples riesgos sanitarios que afectan directamente la productividad.

Entre las herramientas disponibles para gestionar la salud se incluyen vacunas, medicamentos, buenas prácticas de manejo y aditivos destinados a mejorar la salud intestinal.

Sin embargo, existe una estrategia altamente eficaz, de bajo costo y accesible a todos los sistemas de producción: la bioseguridad.

La tecnología por sí sola carece de impacto si no se implementa de manera adecuada; de ahí que el éxito depende en gran medida de la conformación de equipos de trabajo sólidos y del establecimiento de la bioseguridad como una verdadera cultura organizacional.

El objetivo fundamental es que todos los colaboradores adopten la bioseguridad como un estilo de vida, de forma que sean capaces de identificar riesgos, proponer soluciones y asumir la responsabilidad compartida de su cumplimiento.

La creación de una cultura de bioseguridad requiere, en primer lugar, la definición de objetivos claros y procesos específicos. Dichos objetivos deben ser aprobados por la dirección y recibir la misma prioridad que los parámetros productivos. Estos se deben dar a conocer a todo nivel.

Es necesario asignar roles y responsabilidades claramente definidos, sencillos y alcanzables.

Dado que las prácticas de bioseguridad suelen percibirse como procesos engorrosos que dificultan la operatividad, se recomienda establecer procedimientos prácticos que faciliten su adopción.

  » El personal debe clasificarse en categorías según sus roles. Generalmente, los trabajadores operativos de granja reciben capacitación constante, mientras que áreas como mantenimiento, recursos humanos, informática, medio ambiente o planta de alimentos, a pesar de interactuar directamente con los animales, carecen de formación suficiente en bioseguridad.

Una vez clasificado el personal, es fundamental desarrollar procedimientos específicos para cada riesgo identificado, entendiendo por riesgo todas las interacciones directas o indirectas que ocurren en la rutina productiva (semen, alimento, animales, insumos, personal, limpieza, control de plagas, entre otros).

La divulgación de estos procedimientos debe realizarse mediante escuelas de bioseguridad dinámicas, interactivas y motivadoras.

Asimismo, los protocolos requieren revisiones periódicas para garantizar su actualización y mejora continua. La participación del personal en la retroalimentación promueve la generación de ideas más eficaces y prácticas.

El éxito de un programa de bioseguridad depende de la apropiación individual y colectiva. Cuando los colaboradores se sienten responsables de su propio proceso, lo defienden con mayor convicción, convirtiéndose en verdaderos embajadores de la bioseguridad.

Es igualmente necesario proporcionar los recursos adecuados que permitan exigir el cumplimiento de los protocolos. Por ejemplo, disponer de instalaciones higiénicas y confortables es requisito indispensable si se requiere que los trabajadores se duchen antes del ingreso.

El monitoreo de la satisfacción del personal, mediante encuestas u otras herramientas de retroalimentación, constituye un mecanismo esencial para asegurar condiciones adecuadas.

Del mismo modo, se deben establecer de manera explícita las prácticas no negociables, clasificando las faltas en leves, moderadas y graves, con sus respectivas sanciones. Estas normas deben aplicarse de manera equitativa a todos los niveles jerárquicos, sin excepciones.

La instauración de una cultura de bioseguridad representa un proceso progresivo que exige disciplina y constancia.

  » La rutina diaria de las granjas suele generar múltiples problemas que requieren soluciones inmediatas, lo que hace que sea fácil dejar la bioseguridad, por un lado.

Por ello, es recomendable diseñar cronogramas de trabajo realistas, que contemplen la dinámica operativa y que se revisen periódicamente para garantizar avances sostenidos.

En conclusión, la bioseguridad no debe considerarse únicamente como un conjunto de medidas técnicas, sino como una cultura organizacional cimentada en la disciplina, la constancia y el compromiso colectivo.

Solo mediante la participación de todos los actores involucrados será posible alcanzar y mantener la sostenibilidad sanitaria y productiva de la industria porcina.

Autora: Abby López (Jefe de salud animal porcícola, CMI-Corporación Multi Inversiones) – Memorias del porciFORUM Miami 2025

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