| En la producción porcina moderna, mantener la eficiencia digestiva y la salud intestinal es fundamental para la rentabilidad. Uno de los principales desafíos es la presencia de agentes bacterianos oportunistas, en especial Clostridium perfringens. |
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Aunque tradicionalmente se ha asociado con la mortalidad temprana en lechones lactantes, investigaciones recientes indican que este patógeno puede afectar a los cerdos durante todas las fases de producción desde el nacimiento hasta el engorde tanto en formas clínicas como subclínicas. |
¿QUÉ ES CLOSTRIDIUM PERFRINGENS?
Clostridium perfringens es una bacteria anaerobia estricta, formadora de esporas, que produce varias toxinas altamente activas que afectan principalmente al intestino.
Esta bacteria está ampliamente distribuida en el ambiente y forma parte de la microbiota intestinal normal en animales sanos.
Se clasifica en los tipos A, B, C, D y E según las toxinas que produce. En porcino, los tipos A y C son los más relevantes.
Fase 1: Lactancia
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Durante los primeros días de vida, el sistema digestivo del lechón es aún inmaduro, lo que lo hace vulnerable a la colonización rápida por Clostridium perfringens tipo C. Si no se trata a tiempo, la tasa de mortalidad puede ser muy alta. La transmisión suele producirse por contacto con superficies contaminadas (suelos, piel, ubres) o a través de esporas presentes en la cama, el agua o el ambiente. Las cerdas portadoras asintomáticas también pueden ser fuente de infección. Además, es esencial desinfectar continuamente el agua para evitar la formación de biofilm, ya que puede actuar como reservorio de bacterias. |
Fase 2: Post-destete
El destete es un período crítico para los lechones. En esta etapa dejan de recibir leche materna, cambian de dieta, pierden la inmunidad pasiva y enfrentan estrés ambiental. Estas condiciones favorecen la proliferación de Clostridium perfringens tipo A.
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Este patógeno suele causar diarreas blandas o acuosas sin sangre, pérdida de apetito, retraso en el crecimiento y alta morbilidad con baja mortalidad. Las toxinas que produce dañan la mucosa intestinal, aumentan la permeabilidad epitelial y reducen la absorción de nutrientes, lo que puede derivar en una enteritis necrótica. |
Fase 3: Engorde
La fase de engorde es una etapa vital, pero a menudo subestimada, especialmente en lo que respecta a la fermentación intestinal y su impacto sobre la eficiencia alimentaria.
En esta etapa, los cerdos han alcanzado un peso considerable y su sistema digestivo está completamente desarrollado.
| Diagnosticar esta condición es un reto, ya que el patógeno forma parte de la flora normal. La confirmación requiere análisis de toxinas en el contenido intestinal, hisopos rectales o estudios histopatológicos para identificar lesiones específicas. |
Para prevenir problemas relacionados con el tipo A, es importante controlar el estrés del destete, utilizar aditivos digestivos como ácidos orgánicos, aceites esenciales, prebióticos y extractos vegetales, mantener una limpieza rigurosa entre lotes, desinfectar los sistemas de agua, eliminar el biofilm y diseñar adecuadamente la dieta con fibras fermentables y proteínas digestibles.
| Estos ácidos no solo son una fuente importante de energía, sino que también apoyan la salud intestinal, la regulación del metabolismo y la función inmune. |
Sin embargo, un sobrecrecimiento de Clostridium perfringens puede alterar este equilibrio, provocando fermentaciones patológicas.
Esto genera gases y metabolitos tóxicos que irritan la mucosa intestinal, causan inflamación y reducen la absorción de nutrientes.
| Las consecuencias incluyen una menor eficiencia alimentaria, crecimiento más lento, variabilidad en el peso y aumento de los costes de producción. |
| Factores como dietas ricas en proteína no digerida, mala gestión del agua, estrés, limpieza insuficiente o un uso inadecuado de antibióticos pueden favorecer la proliferación de esta bacteria.
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ESTRATEGIAS PARA CONTROLAR CLOSTRIDIUM PERFRINGENS EN LA FASE DE ENGORDE
Clostridium perfringens sigue siendo un desafío persistente en todas las etapas de la producción porcina, especialmente durante el engorde. Para controlarlo de forma eficaz, es fundamental adoptar un enfoque integral y preventivo, basado en tres pilares clave:
1. Nutrición funcional
AUMENTAR LA FIBRA FERMENTABLE
Estimula la flora intestinal beneficiosa y favorece la producción de ácidos grasos volátiles (AGVs), esenciales para la salud intestinal.
AJUSTAR LOS NIVELES DE PROTEÍNA
Evita el exceso de sustrato disponible para bacterias patógenas como Clostridium spp., reduciendo el riesgo de fermentaciones indeseadas.
2. Control ambiental riguroso
LIMPIEZA Y DESINFECCIÓN ENTRE LOTES
Fundamental para romper el ciclo de infección y reducir la carga microbiana en el entorno.
| Para una limpieza adecuada, se debe usar un detergente alcalino para eliminar la materia orgánica que protege a los patógenos en las granjas. Se recomienda el uso del detergente espumante Clean Zix para una limpieza y desincrustación adecuada. |
MEJORA DE LA CALIDAD MICROBIOLÓGICA DEL AGUA Y ELIMINACIÓN DEL BIOFILM EN LÍNEAS DE AGUA
El agua es un vector crítico. La higiene del sistema evita la formación de reservorios bacterianos.
| Para evitar los problemas asociados a una mala calidad microbiológica del agua, como para prevenir el biofilm, recomendamos el uso de Aquazix ® Plus Ag de forma continua, ya que de esta manera se conseguirá un agua de gran calidad microbiológica, eliminación de biofilm, y prevención de depósitos de calcio. |
Así aseguraremos la máxima sanidad intestinal de nuestros animales y, por ende, mejor resultado económico en nuestras explotaciones.
REDUCCIÓN DEL ESTRÉS TÉRMICO Y SOCIAL
El manejo debe garantizar condiciones estables para minimizar factores que favorezcan disbiosis intestinal.
CONCLUSIÓNAbordar el desafío de Clostridium perfringens con un enfoque basado en nutrición estratégica, bioseguridad y control ambiental. Si tienes preguntas o deseas hablar sobre cómo implementar estas estrategias en tu explotación, no dudes en contactarnos. |

