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El equipo humano como eje fundamental en el bienestar animal porcino

El rol del personal y el liderazgo en el bienestar animal porcino, respaldado por evidencia científica.

Cuando se habla de bienestar animal en producción porcina, la conversación suele girar en torno a infraestructura, genética, tecnología, certificaciones y auditorías. Son aspectos legítimos e importantes. Sin embargo, según Jiménez Grez —COO de Cloverleaf Sistemas de Bienestar Animal (Chile)— existe un error de base que atraviesa a toda la industria: asumir que si el sistema está bien diseñado, el bienestar ocurrirá de forma automática.

«La evidencia científica muestra que no es así», afirmó la especialista. «Porque entre el sistema y el animal siempre hay una persona. Y es esa persona quien aplica —o no— los protocolos, detecta —o no— los problemas, maneja a los animales de forma calmada o brusca, y toma decisiones en cada momento.»

Esta perspectiva coloca al equipo humano en el centro del debate: no como un factor más dentro del proceso productivo, sino como la variable determinante del bienestar real en las granjas.

Bienestar animal: ciencia, no moda

Uno de los puntos más contundentes de la ponencia fue la distinción entre lo que el bienestar animal es y lo que no es. Jiménez Grez fue directa: no se trata de humanizar a los animales, ni de subjetividad, ni de activismo, ni de una tendencia pasajera del mercado.

El bienestar animal es ciencia. Y como herramienta de gestión y mejora continua, exige procesos sistemáticos de capacitación, evaluación y retroalimentación del personal. Se materializa, además, en cada acción cotidiana: cómo se camina dentro del galpón, cómo se movilizan los cerdos, cómo se responde ante una emergencia sanitaria, cómo y cuándo se trata una lesión.

«El bienestar animal no es solo un estándar técnico, sino también una cultura de trabajo, construida a partir del compromiso, conocimiento y actitud del equipo humano», sostuvo la profesional.

La relación humano-animal tiene impacto directo y medible

La charla se apoyó en evidencia científica sólida para demostrar que la forma en que las personas interactúan con los cerdos modifica de manera concreta el comportamiento, la fisiología del estrés e incluso los parámetros productivos de los animales.

Entre los estudios citados destacaron tres:

Luna et al. (2021) evaluó si los cerdos pueden desarrollar una percepción positiva de los humanos a través del aprendizaje social observacional. El experimento, con 75 cerdos jóvenes distribuidos en 15 corrales, demostró que los animales que observaron a otros recibir manejo positivo —caricias suaves, interacción calmada y recompensa con solución dulce— se acercaron más rápido al cuidador, pasaron más tiempo investigándolo, aceptaron mayor contacto físico y mostraron menor estrés fisiológico. Un hallazgo adicional resultó especialmente relevante para los sistemas intensivos: no hubo diferencias entre observar a un cerdo dominante o subordinado. Ambos permitieron el aprendizaje social, lo que sugiere que interactuar positivamente con algunos animales puede mejorar la relación humano-animal en todo el grupo.

Calderón-Amor et al. (2024) evaluó las implicancias afectivas de la relación humano-animal en lechones recién destetados durante seis semanas. Los resultados mostraron que el manejo positivo incrementó los comportamientos afiliativos y la activación parasimpática, mientras que el manejo negativo generó mayor miedo y respuestas fisiológicas de estrés más intensas.

Hemsworth et al. (1986), un estudio pionero que sigue siendo referencia, demostró que la postura y el comportamiento del cuidador influyen directamente en la disposición de los cerdos a acercarse: las señales menos amenazantes aumentan el acercamiento y reducen el miedo hacia las personas.

La conclusión que atraviesa los tres estudios es la misma: un manejo calmado genera menor respuesta de miedo, menor mortalidad, menor incidencia de lesiones y mejores indicadores productivos. El manejo brusco, inconsistente o realizado por personal sin entrenamiento produce el efecto contrario —estrés crónico, mayor reactividad, deterioro productivo— y lo hace de forma silenciosa y acumulativa.

El liderazgo, pieza clave del sistema

Para Jiménez Grez, el bienestar animal dentro de una organización no ocurre de forma espontánea: se construye desde el liderazgo. El jefe de área, el supervisor o el encargado de granja cumplen un rol fundamental porque son quienes transmiten la importancia del bienestar, establecen los estándares de manejo, supervisan su cumplimiento, motivan al equipo y corrigen las desviaciones.

Un líder efectivo en bienestar animal debe combinar tres dimensiones: conocimiento técnico (comprensión del comportamiento porcino y los riesgos del manejo inadecuado), habilidades de liderazgo (capacidad de guiar al equipo, comunicar objetivos y generar compromiso) y coherencia en el ejemplo (el personal aprende observando al líder; si este respeta los protocolos y demuestra calma, el equipo tenderá a replicar ese comportamiento).

«El bienestar animal se lidera con el ejemplo», resumió la especialista.

Capacitación continua: más que instrucciones

La capacitación aparece en la propuesta de Jiménez Grez como uno de los pilares más importantes del sistema, pero con una condición fundamental: no basta con entregar instrucciones. Es necesario que el personal comprenda el porqué de cada procedimiento.

Una capacitación efectiva en bienestar animal debe incluir formación técnica —introducción a los conceptos, comportamiento y sentidos del cerdo, manejo en captura y traslado, estrés y dolor— pero también formación práctica: demostraciones en terreno, simulaciones de manejo y corrección en tiempo real.

Y el aprendizaje no puede ser un evento aislado. Debe existir un proceso permanente de actualización, reforzamiento y evaluación. Cuando el personal entiende el impacto real de sus acciones sobre el bienestar de los animales, aumenta su compromiso y se fortalece la cultura organizacional.

Una conclusión que interpela a toda la industria

El cierre de la ponencia fue tan claro como desafiante: «Si queremos mejorar el bienestar animal, no basta con cambiar instalaciones o protocolos. Tenemos que trabajar con el factor más complejo y más poderoso del sistema: las personas.»

El bienestar animal, en definitiva, no se instala. Se construye —y se ejecuta— a través de las personas. Una certeza que, respaldada por la evidencia científica y la experiencia de campo, propone un cambio de mirada profundo para la porcicultura latinoamericana: invertir en el equipo humano no es un costo secundario, sino la condición de posibilidad de cualquier avance real en bienestar animal.


M. Verónica Jiménez Grez es Médica Veterinaria con Maestría en Ciencias (MSc) y se desempeña como COO de Cloverleaf Sistemas de Bienestar Animal (Chile). Su ponencia «El equipo humano como eje fundamental en el bienestar animal» fue presentada en el Congreso Internacional PORK+593, organizado por ASPE (Asociación de Porcicultores del Ecuador) en Cuenca, Ecuador, 2026.

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