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El papel de Clostridioides difficile en la diarrea neonatal porcina

Clostridioides difficile es hoy un agente clave en la diarrea neonatal porcina. Descubre su papel, síntomas, diagnóstico y estrategias de prevención en granja.

La diarrea neonatal porcina es un desafío presente en la mayoría de las granjas alrededor del mundo, causando pérdidas económicas relacionadas con la alta morbilidad y mortalidad, los costos con medicamentos, la reducción en la ganancia de peso y un menor peso al destete (Hermann Bank et al., 2015; Kongsted et al., 2018). Además, la diarrea es una de las principales responsables del uso de antimicrobianos en la producción porcina, donde una fracción significativa de estos medicamentos se destina al tratamiento de neonatos (Barros et al., 2023; Boulbria et al., 2023).

La colonización de los intestinos de los lechones comienza en las primeras horas de vida, siendo esencial para la maduración de los sistemas gastrointestinal e inmunológico, además de ayudar en el proceso digestivo y proporcionar exclusión competitiva de agentes potencialmente patógenos (Bauer et al., 2006; Hermann-Bank et al., 2015). Sin embargo, muchos patógenos han sido asociados a cuadros
de diarrea neonatal, incluyendo Escherichia coli, Clostridioides difficile, Clostridium perfringens y rotavirus (Boulbria et al., 2023; Kongsted et al., 2018). diarrea neonatal porcina

En los últimos años, los principales agentes causantes de cuadros de infección entérica en neonatos han sufrido cambios notables, con un mayor control de algunos patógenos, como E. coli enterotoxigénica, y la aparición de otros, como C. difficile (Chan et al., 2013; Yaeger; Kinyon; Songer, 2007). Actualmente, C. difficile se señala como una de las principales causas de diarrea neonatal porcina en diversos países, ya sea de forma aislada o en asociación con otros patógenos (Farzan et al., 2013; Songer; Uzal, 2005). La infección en lechones es común durante la primera semana de vida, cuando la microbiota está en formación y no es capaz de inhibir la colonización por C. difficile (Lobato, 2013; Proctor et al., 2021).

La prevalencia de C. difficile en granjas porcinas varía considerablemente entre diferentes regiones, con estudios que indican entre un 3,4% y un 92% en países de Asia, Europa y América (Mertens et al., 2022; Monteagudo et al., 2022; Norén; Johansson; Unemo, 2014; Putsathit et al., 2019; Schneeberg et al., 2013; Spigaglia et al., 2023; Uzal et al., 2023; Weese et al., 2011). Las cerdas sanas parecen ser la principal fuente de C. difficile para los lechones susceptibles, que a su vez amplifican la presencia de esporas del agente en el ambiente. Las esporas son extremadamente resistentes al oxígeno, al calor y a la acción del alcohol y desinfectantes comunes, lo que contribuye a la persistencia del microorganismo en el ambiente y a la infección de nuevos individuos susceptibles (Buddle; Fagan, 2023; Lobato, 2013).

Tras la contaminación fecal-oral, las esporas de C. difficile germinan en el tracto intestinal de los lechones neonatos, gracias a la ausencia de una microbiota capaz de inhibir este microorganismo, seguida de una masiva producción de las toxinas A y B (Bruxelle; Péchiné; Collignon, 2018), responsables del desarrollo del cuadro clínico (Knetsch et al., 2014; Monot et al., 2015). Estas toxinas se unen a receptores específicos en los enterocitos, causando modificaciones en el citoesqueleto que conllevan daños estructurales, como el redondeamiento celular, la pérdida de uniones intercelulares y el aumento de la permeabilidad de la mucosa intestinal, además de una intensa respuesta inflamatoria (Czepiel et al., 2019; Diab; Uzal; Songer, 2016).

Los lechones afectados frecuentemente presentan heces amarillentas, pastosas a acuosas, edema de mesocolon, deshidratación y colitis (Lobato, 2013; Songer et al., 2007; Squire; Riley, 2012). En esta especie, los perjuicios están relacionados con el bajo desarrollo corporal, que conduce a una reducción en la ganancia de peso del lote afectado (Diab; Uzal; Songer, 2016). Casos de lechones infectados con lesiones intestinales, pero sin diarrea o incluso constipados, son comunes, caracterizando una presentación subclínica de la enfermedad (Cruz Junior et al., 2013; Songer; Anderson, 2006; Yaeger; Funk; Hoffman, 2002). En casos más graves, aunque menos frecuentes, pueden ocurrir otras lesiones, como hidrotórax, dificultad respiratoria, edema escrotal y muerte súbita (Keel; Songer, 2006; Silva; Guedes; Lobato, 2012).

Figura 1. Restos de heces amarillentas y diarreicas en la región anal de un lechón positivo a la infección por C. difficile. Fuente: David Emílio Santos Neves de Barcellos.

Figura 2. Intestino de un animal positivo a la infección por C. difficile. Es posible observar edema de mesocolon y áreas de inflamación
(colitis). Fuente: David Emílio Santos Neves de Barcellos.

La detección de las toxinas TcdA y TcdB es la principal forma de diagnóstico en muestras fecales de lechones (Carvalho et al., 2022; Keessen et al., 2011). Los exámenes histopatológicos pueden orientar el diagnóstico mediante la observación de lesiones como edema de mesocolon, necrosis en el epitelio intestinal, aumento de la actividad mitótica en las células de las criptas intestinales y “lesiones volcánicas”, caracterizadas por erosiones irregulares en la mucosa del colon, de las cuales exudan fibrina y neutrófilos (Carvalho et al., 2022; Songer; Uzal, 2005).

Dada la etiología mayoritariamente infecciosa en los cuadros de diarrea neonatal porcina, las estrategias preventivas son imprescindibles para el control de la enfermedad en el rebaño (Lobato, 2013; Wang et al., 2023). Las medidas de control de C. difficile se ven dificultadas principalmente por la presencia de individuos colonizados que excretan el patógeno en el ambiente en forma de esporas (Vonberg et al., 2008). La capacidad de las esporas para resistir la desecación y la mayoría de los desinfectantes permite que la bacteria permanezca viable en los más diversos ambientes durante largos períodos (Czepiel et al., 2019) y posibilita la colonización e infección de nuevos individuos (Vonberg et al., 2008; Wilcox et al., 2003). La descontaminación ambiental debe realizarse con productos con acción sobre esporas bacterianas, como aquellos a base de cloro activo o peróxido de hidrógeno en altas concentraciones (Keessen et al., 2011; Shapey et al., 2008).

Actualmente, existe solo una vacuna destinada a la prevención de la diarrea por C. difficile en lechones en todo el mundo (Amarante et al., 2025; Ambrós et al., 2025). Este inmunógeno, que también contiene el toxoide alfa de Clostridium perfringens en su composición, está destinado a cerdas gestantes; induce la formación de anticuerpos neutralizantes contra TcdA y TcdB de C. difficile, los cuales son transmitidos pasivamente a los lechones a través del calostro (Amarante et al., 2025). Estudios recientes sugieren que los lechones procedentes de cerdas vacunadas presentan una menor incidencia de diarrea en comparación con los lechones de cerdas no vacunadas (Ambrós et al., 2025).

EN CONCLUSIÓN 

Finalmente, cabe recordar que estudios realizados en la última década han sugerido que los cerdos pueden actuar como reservorios de aislados potencialmente patogénicos para los seres humanos (Knetsch et al., 2014; Knight; Riley, 2019). Además, se ha reportado la diseminación de genes de resistencia a antimicrobianos entre aislados de humanos y animales, lo que refuerza su importancia en la salud pública (Debast et al., 2009; Keessen et al., 2013). En este contexto, prevenir la infección por C. difficile es una cuestión no solo importante para la salud animal, sino también para la salud humana.

 

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