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ONE HEALTH: El camino hacia la sostenibilidad en granjas de porcino – Parte 2

Escrito por: Santiago Vega García - Catedrático de Sanidad Animal. Facultad de Veterinaria, Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia.

En la primera parte de este artículo abordamos la cuestión de “¿hacia dónde debemos encaminar la producción porcina atendiendo a la demanda de nuestros clientes?”. En la segunda parte repasaremos los principales indicadores del nivel de sostenibilidad de las granjas porcinas, las “Mejores Técnicas Disponibles” para la reducción de emisiones y el uso responsable de antibióticos como parte de la estrategia One Health.

En nuestras granjas de producción hay varios indicadores que nos pueden dar una idea del nivel de sostenibilidad alcanzado en cada explotación, como son:

 

Las necesidades de agua (de bebida y de servicio) y la evolución del consumo de agua.

La emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y su evolución.

En el sector del porcino, por ejemplo, las mejoras en genética, nutrición animal, control de enfermedades y manejo de animales han aumentado los índices de sostenibilidad, incluyendo la reducción de las emisiones de GEI y del consumo de agua, según puso de relieve recientemente la Plataforma Tecnológica de Agricultura Sostenible.

Según las cifras de este organismo, el empleo de agua para el consumo y el mantenimiento de los animales representa la demanda de recursos hídricos más directa asociada a la producción pecuaria. El consumo medio de agua, en el periodo 1990 y 2008, para bebida y servicios por kg de producto en porcino es de 20,4 l/kg de carne de cerdo.

Según este informe, la evolución del consumo de agua por unidad de producto en el sector del porcino a lo largo de este periodo ha sido favorable. El consumo de agua por kg de carne de porcino se ha visto reducido en un 21,54% entre 1990 y 2008.

Es un hecho que tanto la genética como la nutrición han evolucionado y mejorado, así como los manejos e instalaciones en las que se han realizado innovaciones y avances importantes. El sumatorio de dichas mejoras hoy en día ha llevado a las granjas porcinas eficientes a lograr Índices de Conversión (IC) de 2,17, esto significa una eficiencia de 31% y consecuentemente a una mayor rentabilidad.

Las primeras mediciones de IC que se hicieron fueron en el año 1992, en ese tiempo dicho indicador era del orden de 3,10 a 3,15. (Figura 1).

Figura 1. Mejora en los índices de conversión del porcino en los últimos 25 años.

Siendo el estudio de estos indicadores muy importante, también se miden otros como son:

Precio percibido por ganaderos

Industria y cadena alimenticia

Puestos de trabajo creados y su calidad

Aprovechamiento y utilización de recursos naturales

Cantidad de residuos producidos y su aprovechamiento posterior

Bienestar de los animales cebados y su estado sanitario

Contribución a una mejor alimentación humana y mayor grado de su bienestar

Nivel de contaminación de aire y tierra producido

 

Además de los logros conseguidos que hemos señalado, ¿cuáles son los nuevos retos a los que se enfrentan las granjas de porcino en España?

BIOSEGURIDAD

Por un lado, los riesgos sanitarios, especialmente la Peste Porcina Africana (PPA), que a corto plazo nos obligaría a anular las exportaciones extracomunitarias. Así pues, debemos tomar todas las medidas necesarias para evitar que llegue a España.

Esto pasa por mejorar la Bioseguridad de nuestras granjas de porcino, pero esto será objeto de un próximo artículo.

 

REDUCCIÓN DE EMISIONES

En cuanto a los retos que hemos de afrontar, como el medioambiental, las sanciones de la Unión Europea (UE) a España por el no cumplimiento de los protocolos de la reducción de emisiones podrían comportar la aplicación de cuotas de emisiones, especialmente de amoniaco, que obligarían a reducir la cabaña porcina. Por este motivo, debemos invertir para tener un sector cada vez más sostenible.

El Consejo de Ministros ha aprobado, a propuesta del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, un Real Decreto por el que se establecen normas básicas de ordenación de las granjas porcinas. (Real Decreto 306/2020, de 11 de febrero, por el que se establecen normas básicas de ordenación de las granjas porcinas intensivas, y se modifica la normativa básica de ordenación de las explotaciones de ganado porcino extensivo.).

La nueva norma introduce medidas para la reducción de las emisiones de gases contaminantes y de efecto invernadero por parte de las granjas de ganado porcino, en particular, el registro de manera individualizada por cada granja de las emisiones y las técnicas que utiliza para su reducción («Mejores técnicas disponibles»).

Los nuevos requisitos en materia de impacto ambiental permitirán reducir las emisiones de gases contaminantes (en particular amoniaco) y de efecto invernadero en cerca del 21% a partir de 2023, respecto del escenario tendencial sin esta normativa.

ÓXIDO DE ZINC

La UE ha prohibido para el 2022 el uso de óxido de zinc en dosis terapéuticas en el post-destete.

El óxido de zinc tiene importantes efectos negativos en el medio ambiente y su contribución al aumento de resistencias a los antibióticos. Con una herramienta menos con efecto antimicrobiano, se hace más importante, si cabe aún, el enfoque holístico de la salud animal y por su puesto siempre desde una perspectiva «One Health»

COMPETITIVIDAD

Por último, no debemos perder de vista que hay otros países más competitivos que nosotros en cuanto al coste, como EE. UU., Canadá y Brasil, por lo que no basta solo con producir más en un momento puntual de mucha demanda como el actual:

Debemos orientar la producción al consumidor final, adaptándola a sus necesidades y demandas y aumentando el valor añadido de lo que llega al consumidor, para garantizar que van a seguir comprando nuestros productos, aunque sean más caros.

Actualmente hay tres temas y fuerzas interrelacionadas actuando sobre la producción animal en general y sobre los agro-negocios en particular. Estos creemos que deben ser abordados bajo el enfoque One Health, «Una Sola Salud», que engloba, como bien sabemos los veterinarios, la trilogía salud humana, salud ambiental y salud animal, estrechamente interrelacionadas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera un enfoque concebido para diseñar y aplicar programas, políticas, leyes e investigaciones en el que estos sectores se comunican y colaboran para lograr mejores resultados de salud pública.

La inocuidad de los alimentos, el control de zoonosis como la gripe porcina, y la lucha contra la resistencia a los antibióticos son algunas de las esferas de trabajo, donde el papel de médicos y veterinarios es esencial.

 

 

El pasado 28 de diciembre de 2020, Tedros Adhanom, actual director general de la OMS, con motivo de la actual pandemia por el Covid-19, subrayó la importancia de la relación entre salud humana, animal y ambiental y aseguró que con la implementación de One Health se podrá asegurar un futuro mejor, más seguro y sostenible para las próximas generaciones.

«Una sola Salud» se basa en la creencia de que la buena salud animal es un beneficio social y económico importante para los ganaderos y sus animales, así como para los consumidores y el medio ambiente en general.

Veamos entonces cuáles son esos tres temas y fuerzas interrelacionadas que actúan sobre la producción animal bajo el concepto One Health.

Primeramente, la demanda de productos de origen animal será el doble para 2050 (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, 2011). Este incremento en la demanda será consecuencia del aumento de la población mundial, el aumento del tamaño de las ciudades y el aumento del tránsito de personas.

La población mundial habrá alcanzado cerca de 10.000 millones de personas en 2050, y esto representa un incremento de más del 70% en la demanda de proteínas animales, en parte debido a la emergencia de las clases medias en los países en desarrollo y a sus nuevos hábitos de consumo. (Figura 2).

Figura 2. Previsión de la FAO en cuanto a la población mundial para 2050.

A nivel mundial la demanda de proteína animal, incluida la carne de cerdo, no ha dejado de crecer en los últimos años. De hecho, aunque desde el año 2000 la producción de carne se ha estancado en países del primer mundo, se ha incrementado a gran velocidad en Asia (68%), África (64%) y América del Sur (40%).

La transición a dietas ricas en proteínas en los países de ingresos bajos y medios (PIBM) se ha visto facilitada por la expansión mundial de los sistemas intensivos de producción animal en los que se utilizan antimicrobianos de forma rutinaria para mantener la salud y la productividad. A nivel mundial, el 73% de todos los antimicrobianos vendidos en la Tierra se utilizan en animales criados para la alimentación.

Cada vez es más aceptada la evidencia que ha relacionado esta práctica con el aumento de infecciones resistentes a los antimicrobianos, no solo en animales sino también en personas en estos PIBM. Más allá de las consecuencias potencialmente graves para la salud pública.

Es por ello que más allá de proteger la salud animal, para proteger la salud humana y asegurar un suministro sostenible de alimentos, el apoyo a los veterinarios, como pieza clave en las decisiones sobre el uso de antibióticos en animales, resulta de vital importancia.

La adaptación al nuevo Reglamento (UE) 2019/6 del Parlamento Europeo y del Consejo de 11 de diciembre de 2018 sobre medicamentos veterinarios (por el que se deroga la Directiva 2001/82/CE y cuya entrada en vigor está prevista para el 28 de enero de 2022) es clara en su respaldo al veterinario como parte fundamental de la lucha contra estas resistencias, afirmando que:

«Los veterinarios deben prescribir los medicamentos antimicrobianos basándose en sus conocimientos epidemiológicos y clínicos, sus conocimientos sobre la resistencia a los antimicrobianos y su comprensión de los factores de riesgo para el animal o grupo de animales»

La responsabilidad en la utilización prudente de antimicrobianos recae en el veterinario prescriptor, así como en la persona que los administra.

La categorización de antibióticos es una recomendación para realizar un uso prudente de antibióticos. Las condiciones en las que se van a usar se están desarrollando en el marco de la nueva legislación.

La misma restringe además el uso de antibióticos en prevención (solo de forma individual y cuando el riesgo de enfermedad sea muy alto) y la metafilaxia (se podrán administrar cuando el riesgo de infección de otros en contacto con animales enfermos sea muy elevado y no existan alternativas apropiadas disponibles), siendo necesario un diagnóstico de la enfermedad infecciosa por un veterinario.

Es por tanto el veterinario el que tiene como papel fundamental la salud pública, a través de la seguridad alimentaria, el control de zoonosis y ahora más que nunca, también mediante el uso responsable de antibióticos en salud animal.

Y es que el veterinario es el único que puede asegurar que los antibióticos se administran de manera adecuada y responsable en el ámbito de la medicina veterinaria.

Siguiendo, además, pautas que pueden resumirse en hacer un uso acorde a la premisa que todos deberíamos asumir y repetirnos a modo de mantra:

«Tan poco como sea posible, tanto como sea necesario»

O, como reza la campaña de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS):

«Ni menos, ni más. Tú decides»,

Que al fin y al cabo viene a incidir en la misma idea.

Porque una cosa es reducir su uso y otra bien distinta eliminarlos de nuestros arsenales terapéuticos, del de los veterinarios en este caso. No podemos olvidar que un animal tiene derecho a ser tratado cuando enferma, por su salud, por su bienestar animal, y también por la seguridad de las producciones ganaderas como alimentos para el hombre.

En definitiva, la humanidad va a depender de la agricultura y de la ganadería para su alimentación. Sin embargo, más del 20 % de las perdidas actuales de producción animal están ligadas a las enfermedades animales. El uso de medicamentos veterinarios nos está permitiendo prevenir la propagación de enfermedades animales y apoyar la agricultura sostenible, protegiendo la biodiversidad.

En este sentido, los animales sanos requieren menos recursos (alimento, agua, energía y uso de la tierra), lo que implica una reducción de las emisiones de CO en un 40%, como señalábamos anteriormente.

En los países desarrollados, la mejora de la sanidad ha contribuido a duplicar la producción de carne, y a reducir el uso de la tierra un 20%.

El uso inapropiado e indiscriminado de los antibióticos en personas y animales, ha sido y es el principal causante de la aparición de estas resistencias.

Por tanto, nos encontramos ante un problema global que afecta a la salud humana, a la sanidad animal y a la salud medioambiental, donde el enfoque «One Health» cobra un gran protagonismo.

 

Al hilo de lo anterior, y en relación con la resistencia a los antimicrobianos, un equipo de investigadores dirigido por Thomas Van Boeckel, profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, ha publicado en la revista Science un mapa de resistencias a los antibióticos en animales en este grupo de PIBM, y han concluido:

«Más allá de las graves consecuencias para la salud pública, la dependencia de los antibióticos para satisfacer la demanda de proteína animal es una amenaza para la sostenibilidad de la industria de la producción animal y, por lo tanto, para el “ sustento de los ganaderos de todo el mundo».

Y así, en los mapas mundiales de resistencias, recogidos en el estudio, se identifican «puntos calientes» de resistencias en regiones como el noreste de la India y China, el norte de Pakistán, Irán, Turquía oriental, la costa sur de Brasil, Egipto, el delta del río Rojo en Vietnam y las áreas que rodean a Ciudad de México y Johannesburgo.

Asimismo, se identifican áreas donde las resistencias están comenzando a surgir, como Kenia, Marruecos, Uruguay, el sur de Brasil, el centro de India y el sur de China, todas estas regiones se corresponden con PIBM.

Las tasas de resistencia más altas se observaron en todos los antibióticos más comúnmente utilizados en la producción animal como las tetraciclinas, sulfonamidas y penicilinas.

Si bien es claro, que los medicamentos veterinarios mejoran la producción de alimentos, contribuyendo al suministro de proteína asequible, la identificación de estos puntos calientes de resistencia a los antimicrobianos es un problema que no hay que perder de vista por las implicaciones que puedan tener para el comercio y la salud pública del resto del mundo. (Figura 3 y 4).

Figura 3. Los puntos calientes de Resistencia Antimicrobiana (RAM) representan la proporción de antimicrobianos utilizados en cada ubicación (píxel) con una resistencia superior al 50% (P50). Fuente: Van Boeckel & Pires, Global Trends in Antimicrobial Resistance in Animals in Low- and Middle-Income Countries, Science (2019).

Figura 4. Distribución geográfica de la resistencia a los antimicrobianos en LIMC. (A) P50, la proporción de compuestos antimicrobianos con resistencia superior al 50%. (C) Diferencia en la proporción de antimicrobianos con 10% de resistencia y 50% de resistencia. Las áreas rojas indican nuevos puntos calientes de resistencia a múltiples fármacos; las áreas azules son puntos de acceso establecidos (Fuente: Resistancebank.org).

La mayor parte del uso de antibióticos es para el ganado y está creciendo con el aumento de la demanda mundial de carne.

Y aunque no está claro qué significa el aumento de la demanda de antibióticos para la aparición de resistencia a los medicamentos en los animales y el riesgo para los seres humanos, las regiones afectadas por los niveles más altos de Resistencia Antimicrobiana (RAM) deben tomar medidas inmediatas para preservar la eficacia de los antimicrobianos que son esenciales en la medicina humana al restringir su uso en la producción animal.

En algunos países de ingresos medios, particularmente en América del Sur, la vigilancia debe ampliarse para igualar la de los países africanos de ingresos bajos que actualmente los superan a pesar de los recursos más limitados.

En las regiones donde la resistencia está comenzando a surgir, existe una ventana de oportunidad para limitar el aumento de la resistencia alentando una transición a prácticas sostenibles de cría de animales.

Los países de ingresos altos, donde se han utilizado antimicrobianos en las granjas desde la década de 1950, deberían apoyar esta transición, por ejemplo, a través de un fondo global para subsidiar la mejora de la bioseguridad a nivel de las granjas.

Los puntos calientes más grandes de RAM en animales se encontraban en Asia, que alberga al 56% de los cerdos del mundo y al 54% de los pollos.

En este contexto de las resistencias a los antimicrobianos, sólo la prevención puede combatir el uso excesivo de los mismos, de forma que, ante la ausencia de enfermedad, su prescripción y consumo no sea necesario.

En el año 2014 se aprobó en España por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de la Salud y por la Conferencia Intersectorial de Agricultura el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos (PRAN) como respuesta a la UE que había solicitado a los Estados miembros un Plan de Acción sobre Resistencias Antimicrobianas, así como el abordaje conjunto de este problema.

Desde entonces hasta el 2019 el consumo total de antibióticos se ha reducido en un 58,5%. A esta reducción ha contribuido de manera directa el trabajo de las empresas adheridas a los Programas REDUCE, creados en el marco del PRAN, de porcino, así como en otras especies.

La iniciativa REDUCE COLISTINA en porcino ya ha logrado una reducción, en este sector, de este antibiótico de importancia crítica en la medicina humana del 85,8% en el periodo 2015-2019, y una reducción del 55% en el consumo de neomicina entre 2015-2019.

Lo primero que debemos llevar a cabo para hacer un uso prudente de los antibióticos es prevenir las enfermedades infecciosas. Para la FAO, la prevención de enfermedades infecciosas sin antibióticos implica un conjunto completo de medidas.

Estas medidas pueden clasificarse en tres categorías principales:

Buena cría de animales

Vacunación

Bioseguridad efectiva

Además, deberemos evitar el uso de antibióticos que no sean necesarios, la profilaxis, así como emplear antibióticos críticos para la salud humana, como es el caso de la colistina.

Pero además es importante utilizar los antimicrobianos en su correcta forma farmacéutica, siguiendo su ficha técnica, aplicando su dosis adecuada, y llevando un registro apropiado de los mismos para finalmente informar cualquier fallo en su uso.

Creemos que las empresas del sector porcino están realizando un gran esfuerzo para minimizar el uso de antibióticos. Esta reducción tiene que ir acompañada de una serie de medidas que ayuden a minimizar el impacto en las producciones y mejorar la salud de los animales. Juntos, veterinarios y productores, deberán adoptar las medidas más adecuadas, para que, desde un enfoque holístico, permitan una producción rentable y alineada con el concepto One Health.

Los cerdos que estén bien cuidados, alimentados y alojados adecuadamente experimentarán un mejor bienestar y serán menos propensos a contraer enfermedades.

En la tercera parte de este artículo descubriremos el concepto One Welfare y abordaremos las fuentes de emisiones contaminantes en las granjas porcinas y la forma de llevar a la práctica las medidas destinadas a minimizarlas.

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