Los lechones recién nacidos son vulnerables a las infecciones porque su sistema inmunitario aún no está completamente desarrollado. El calostro y la leche de la cerda aportan anticuerpos maternales (AM) que los protegen frente a las enfermedades durante las primeras semanas de vida. Sin embargo, estos anticuerpos también pueden reducir la respuesta de los lechones a las vacunas. Por ello, es importante maximizar la protección que proporcionan y encontrar formas de reducir su interferencia con la vacunación, para que los lechones desarrollen una inmunidad sólida y duradera.
PROTECCIÓN DEL LECHÓN MEDIANTE ANTICUERPOS MATERNALES
El calostro, la primera leche que produce la cerda después del parto, es esencial para la supervivencia de los lechones, ya que contiene energía, proteínas, vitaminas, minerales y otros nutrientes que necesitan durante sus primeros días de vida.
Los lechones que consumen suficiente calostro tienen más probabilidades de sobrevivir, mientras que aquellos que no reciben una cantidad suficiente presentan un mayor riesgo de morir antes del destete.
EL CALOSTRO ES LA PRINCIPAL FUENTE DE ANTICUERPOS MATERNALES (AM) QUE PROTEGEN A LOS LECHONES RECIÉN NACIDOS FRENTE A LAS INFECCIONES (POONSUK Y ZIMMERMAN, 2018)
A diferencia de los seres humanos y de otras especies, los lechones no reciben anticuerpos de sus madres a través de la placenta durante la gestación por lo que nacen con niveles muy bajos o nulos de anticuerpos en la sangre.
La cantidad de AM que recibe un lechón depende de:
En el caso de las enfermedades que afectan habitualmente a los lechones recién nacidos, la vacunación de las cerdas durante la gestación puede aumentar la cantidad de AM que se transfiere a sus lechones.
En determinadas situaciones, también se ha recurrido a la exposición intencionada de las cerdas a un patógeno para estimular la inmunidad maternal.
Por ejemplo, en granjas afectadas por el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV) o el virus de la gastroenteritis transmisible (TGEV), se ha utilizado una práctica conocida como feedback, que consiste en exponer a las cerdas gestantes a materiales que contienen el virus, como contenido intestinal o heces de lechones infectados.
INTERFERENCIA DE LOS ANTICUERPOS MATERNALES EN LA VACUNACIÓN
Los niveles de anticuerpos maternales (AM) disminuyen gradualmente a medida que los lechones crecen. Por ello, es necesario vacunarlos para que desarrollen su propia inmunidad y sigan protegidos. El problema es que, si se vacunan cuando aún hay AM presentes, estos pueden reducir su respuesta a la vacuna.
Se ha descrito esta interferencia vacunal frente a varios patógenos porcinos importantes, entre ellos el virus del síndrome reproductivo y respiratorio porcino (PRRSv), el circovirus porcino (PCV), el virus de la influenza porcina y Mycoplasma hyopneumoniae (Martinez-Boixaderas et al., 2022).
Los AM pueden interferir con la vacunación de distintas formas. Uno de los mecanismos habituales consiste en su unión al antígeno vacunal antes de que este pueda estimular eficazmente el sistema inmunitario del lechón.
FIGURA 1
Los anticuerpos maternales transferidos al lechón a través del calostro y la leche contribuyen a protegerlo frente a las infecciones (izquierda). Sin embargo, también pueden unirse a los antígenos vacunales y reducir la estimulación del sistema inmunitario, limitando la respuesta a la vacunación (derecha).
LOS AM PUEDEN NEUTRALIZAR EL PATÓGENO VACUNAL ANTES DE QUE SE PRODUZCA UNA REPLICACIÓN SUFICIENTE
Sin embargo, esta interferencia no se limita a las vacunas vivas: los AM también pueden reducir la respuesta a otros tipos de vacunas, incluidas las inactivadas y las basadas en proteínas.
ESTRATEGIAS PARA REDUCIR LA INTERFERENCIA DE LOS ANTICUERPOS MATERNALES
Una de las formas más sencillas de reducir la interferencia de los anticuerpos maternales (AM) es esperar a que sus niveles disminuyan antes de vacunar a los lechones. Sin embargo:
Esta disminución no se produce al mismo ritmo en todos los animales ni en todas las granjas.
Algunas vacunas son más sensibles a esta interferencia que otras.
| Retrasar demasiado la vacunación también entraña un riesgo, ya que, a medida que disminuyen los AM, sus niveles pueden resultar insuficientes para proteger al lechón, sin que este haya desarrollado todavía su propia inmunidad.
Se genera así una ventana de susceptibilidad, durante la cual aumenta el riesgo de infección. |
LOS AM PUEDEN NEUTRALIZAR EL PATÓGENO VACUNAL ANTES DE QUE SE PRODUZCA UNA REPLICACIÓN SUFICIENTE
La variabilidad de los niveles de AM entre lechones dificulta establecer un único momento de vacunación adecuado para todo el grupo. Para reducir esta interferencia, se plantean distintas estrategias:
| ADMINISTRAR VARIAS DOSIS A DISTINTAS EDADES
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| DESARROLLAR VACUNAS EFICACES EN PRESENCIA DE AM
Estudios recientes han mostrado que las vacunas de ADN encapsulado en nanopartículas lipídicas frente al virus de la influenza porcina pueden inducir respuestas inmunitarias en lechones con AM. Sin embargo, estas respuestas pueden seguir siendo más débiles que las de los lechones sin AM (Lai et al., 2025) |
| UTILIZAR VÍAS DE ADMINISTRACIÓN ALTERNATIVAS
Los AM se encuentran principalmente en la circulación, mientras que sus niveles pueden ser menores en determinadas superficies mucosas. |
FIGURA 2
Estrategias para reducir la interferencia de los anticuerpos maternales en la vacunación.
CONCLUSIONES
La presencia de anticuerpos maternales (AM) tiene dos consecuencias:
1 Proporcionan una protección esencial frente a las infecciones durante las primeras semanas de vida.
2 Pueden reducir la respuesta del lechón a la vacunación.
EL OBJETIVO DEBE SER APROVECHAR LA PROTECCIÓN INICIAL QUE PROPORCIONAN LOS AM Y FAVORECER EL DESARROLLO DE LA INMUNIDAD PROPIA DEL LECHÓN MEDIANTE LA VACUNACIÓN
| Ajustar el momento de vacunación, utilizar vías de administración alternativas y desarrollar vacunas eficaces en presencia de anticuerpos maternales puede ayudar a reducir su interferencia con la vacunación y acortar el periodo en que los lechones son susceptibles a las infecciones. |

