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EDITORIAL Abril 2023 – Lecciones aprendidas de la Biología Evolutiva

“Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas. Si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido”.

La Reina Roja en “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”

Lewis Carroll, 1871

El viaje evolutivo de los seres que habitan este planeta es una aventura épica que se reescribe continuamente, una carrera armamentística que requiere adaptarse a los cambios constantes para mantenerse competitivos y evitar la extinción. Es por ello que los organismos biológicos no son estáticos, sino que deben mantenerse en constante “movimiento” para sobrevivir en un entorno aparentemente volátil, caprichoso y, en ocasiones, cruel.

Sin dejar de lado los condicionantes externos relacionados con el entorno, tal y como señalaba el biólogo evolutivo Leigh Van Val en su hipótesis de la Reina Roja, las especies mejoran en un proceso de coevolución con otras especies, ejerciendo una presión selectiva mutua cuyo resultado es el mantenimiento del status quo.

 

 

Ante el ojo inexperto, la observación de la historia evolutiva podría llevar al error de dotar a estos fenómenos de cierta intencionalidad hasta tal punto que parecen seguir un “Plan Maestro”…

¡Insectos que fingen ser plantas, plantas que aparentan ser insectos, microorganismos capaces de “manipular” a sus hospedadores para conseguir sus objetivos, mamíferos terrestres que un día “decidieron volver a los océanos” o especies muy alejadas filogenéticamente que convergen en estrategias sospechosamente similares!

¿Cómo no maravillarse ante semejantes obras de “ingeniería biológica”?

Sin embargo, quienes están familiarizados con las teorías evolutivas saben que los organismos biológicos no desarrollan un fenotipo específico con un objetivo final, sino que son las condiciones específicas a lo largo del tiempo las que determinan cuáles son los genotipos y, por ende, los fenotipos predominantes en un momento dado.

En el caso del ganado porcino, a través de la selección y mejora genética, la intervención humana, ya sí con una intencionalidad dirigida, ha sido el principal motor evolutivo que ha culminado en la obtención de las actuales líneas hiperprolíficas y de alto rendimiento productivo.

Trabajar con estas genéticas trae consigo nuevos retos, especialmente en un escenario global en el que el Cambio Climático y el auge de las bacterias multirresistentes son factores determinantes que deben estar presentes en los programas de mejora genética.

No solo se trata de maximizar la supervivencia de los lechones nacidos de las cerdas hiperprolíficas a través de estrategias de manejo, sino también lograr que estos animales expresen su máximo potencial a lo largo de toda su vida.

Nos encontramos en un punto de inflexión en el que las nuevas genéticas deberán incorporar caracteres enfocados más en la resiliencia que en la productividad, seleccionando a favor de fenotipos que respondan mejor al estrés, a las condiciones ambientales desafiantes y a los agentes infecciosos, pero que también sean capaces de hacer un uso más eficiente de los recursos y minimicen sus emisiones al medio ambiente.

Para asistir en esta encrucijada, la comunidad científica avanza a pasos agigantados, por ejemplo, con las revolucionarias técnicas ómicas y el desarrollo de nuevas tecnologías que tendrán aplicaciones muy interesantes en el ámbito de la ganadería de precisión.

Si bien, la metáfora de la Reina Roja ilustra un interesante principio evolutivo, nos debe hacer reflexionar sobre los mecanismos que impulsan la evolución del sector porcino y la necesidad de adaptar los modelos productivos y empresariales a una realidad siempre cambiante, modelada no solo por condicionantes que vienen impuestos por las propias empresas del sector, sino también por otros que escapan a nuestro control, como las nuevas tendencias de consumo y las demandas de la sociedad.

¡Es necesario que el sector porcino coevolucione con la sociedad y con el ecosistema, y el conformismo no es una opción! Tal y como señalaba la Reina Roja, para ser competitivos no basta con cumplir con los mínimos, requiere mantenerse en continuo movimiento, siempre dos, tres o cuatro pasos por delante, con la mirada puesta en el futuro para adelantarse a los retos que vendrán.
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