El impacto de las altas temperaturas sobre los cerdos es una preocupación creciente para el sector porcino, especialmente en un contexto de olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.
Sin embargo, detectar de forma temprana el estrés térmico en lechones destetados sigue siendo un desafío, ya que muchos de los indicadores fisiológicos utilizados habitualmente requieren procedimientos invasivos o no siempre reflejan cambios en fases iniciales.
Con el objetivo de identificar herramientas prácticas y sensibles para monitorizar la respuesta de los lechones a las altas temperaturas, investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona y AWEC evaluaron el efecto de una carga térmica elevada sobre parámetros fisiológicos y comportamentales en lechones durante la fase de transición.
El estudio se llevó a cabo con 96 lechones de 38 días postdestete distribuidos en tres grupos experimentales:
- Grupo control mantenido en condiciones termoneutras.
- Grupo expuesto a temperaturas elevadas durante tres días consecutivos.
- Grupo con restricción alimentaria equivalente a la reducción de consumo observada en los animales sometidos al calor. Este último permitió diferenciar los efectos debidos a la temperatura de aquellos asociados a una menor ingestión de pienso.
Los animales expuestos a altas temperaturas registraron una reducción del consumo de alimento del 23,4 %. Sin embargo, los indicadores fisiológicos analizados no mostraron diferencias significativas entre tratamientos.
Las concentraciones de cortisol en plasma y saliva, los niveles de haptoglobina, la actividad de enzimas antioxidantes y la expresión de genes relacionados con inflamación, estrés oxidativo y apoptosis permanecieron sin cambios relevantes.
En cambio, los parámetros comportamentales sí reflejaron claramente el efecto de la carga térmica. Los lechones sometidos a calor:
- Pasaron más tiempo en la zona central del corral, donde se encontraban los bebederos.
- Mostraron un aumento significativo de la conducta de bebida.
- Redujeron su actividad física, permaneciendo más tiempo tumbados, especialmente en decúbito lateral.
Los cambios más evidentes se observaron en los indicadores relacionados con la termorregulación respiratoria.
No obstante, el hallazgo más destacado del trabajo fue la elevada sensibilidad de los movimientos de las fosas nasales como respuesta al calor.
Este comportamiento podría representar una fase temprana de la respuesta termorreguladora, previa a la aparición del jadeo, convirtiéndose en una herramienta potencialmente útil para detectar situaciones de incomodidad térmica antes de que se desarrollen cuadros más severos de estrés térmico.
Otro aspecto relevante es que tanto la frecuencia respiratoria como la proporción de animales que mostraban jadeo o movimientos de las fosas nasales disminuyeron a medida que avanzó el periodo de exposición, lo que podría indicar una adaptación parcial de los lechones a las condiciones ambientales elevadas.
| Los resultados ponen de manifiesto que los indicadores comportamentales son más sensibles y prácticos que muchos biomarcadores fisiológicos para evaluar el impacto de temperaturas elevadas en lechones jóvenes. Además, destacan el potencial de los movimientos de las fosas nasales como un indicador no invasivo y fácilmente observable en granja para monitorizar el bienestar de los animales durante episodios de calor. |

