La producción porcina debe tener como principios básicos la sostenibilidad y la reducción del impacto ambiental en su actividad. Esta actividad productiva está ligada a las buenas prácticas medioambientales, ya que constituyen un pilar básico en la producción y en la visión que la sociedad tiene de ella.

En este contexto, resulta clave reforzar la comunicación con la sociedad para trasladar de forma clara estos esfuerzos.

Así, se deben explicar todas las medidas que se toman para:
Evitar o minimizar el uso de recursos
El control de los residuos
El buen uso de antibióticos, ligados al bienestar animal como principio.

SOSTENIBILIDAD DE LA PRODUCCIÓN PORCINA

Para conseguir la sostenibilidad en la producción, uno de los primeros factores a tener en cuenta es la prevención de enfermedades, ya que esto limita el consumo de antibióticos, que debe ser el estrictamente necesario, dado que las resistencias microbianas están siendo un problema no solo en producción animal, sino también en salud pública.

Este enfoque debe apoyarse en herramientas de control y monitorización que permitan anticiparse a los desequilibrios sanitarios en la granja.

Programa de monitorización de las granjas

Este sistema se basa no solo en la búsqueda de la enfermedad clínica, sino también en la enfermedad subclínica y en un concepto que consideramos esencial: la salud digestiva.

Esto se basa en dos mediciones:

Esto se basa en dos mediciones:

Inflamación intestinal, evaluada mediante la calprotectina en heces, cuya alteración se asocia a disbiosis, lo que conduce a una mala respuesta inmunitaria y a una mayor susceptibilidad a las enfermedades.

Búsqueda de los principales agentes causales de enfermedad en cerdas para su identificación en saliva.

Programa de vacunas y autovacunas

Este programa limita la transmisión horizontal y vertical de las distintas enfermedades.

Con la vacunación frente a las enfermedades endémicas en la granja, el objetivo es conseguir que granjas infectadas con distintos patógenos se comporten, a nivel productivo, como granjas libres y, por lo tanto, reducir el uso de antibióticos.

Programa de control de gases y ambiente

La medición de gases, como el amoniaco (NH₃), generado por la acción de la ureasa presente en las heces, que transforma la urea de la orina, y del dióxido de carbono (CO₂) producido por la respiración de los animales y por una ventilación inadecuada, hace necesario establecer medidas para reducir las emisiones.

Entre ellas, destacan el uso de bacterias que desarrollan procesos de nitrificación y desnitrificación, transformando el amoniaco en nitrógeno (N₂), un gas inocuo que puede liberarse a la atmósfera.

De este modo, se contribuye a reducir los efectos negativos del amoniaco, como el aumento de la susceptibilidad a infecciones respiratorias por la irritación de las mucosas.

Uso responsable de antibióticos y salud digestiva

La reducción del uso de antibióticos debe ir acompañada de la utilización de otros productos que ayuden en el control, especialmente de los procesos digestivos, como los ácidos orgánicos, con los que se consigue mantener la homeostasis intestinal y evitar que situaciones de estrés o enfermedades subclínicas den lugar a una disbiosis que comprometa la inmunidad del animal.

Todo ello en un contexto de reducción del uso de antibióticos, ya que las resistencias serán cada vez mayores y, por lo tanto, se compromete la salud humana.

UTILIZACIÓN DE RECURSOS

El agua es un recurso escaso en muchas zonas de España y su calidad fisicoquímica es también muy diversa. Por ello, la monitorización de la calidad del agua de bebida debe ser una prioridad, al igual que la del pienso, ya que el consumo de agua es mayor que el del pienso.

Higienización del agua

La higienización del agua de bebida mediante sistemas ecológicos, como la producción de ácido hipocloroso por medio de la electrólisis del agua, es necesaria para evitar el uso de otros productos químicos. Los productos que se obtienen de la electrólisis del agua son:

Ácido hipocloroso (HOCl), principal agente desinfectante.

Hidróxido de sodio (NaOH), generado en exceso (en una cámara independiente, en sistemas con membrana).

Es un sistema que no genera residuos y que se puede utilizar in situ o transportado en depósitos opacos a cualquier granja con un inyector.

Claves de la gestión de agua en porcicultura

Las pérdidas de agua y el uso ineficiente de los sistemas de suministro son aspectos que deben controlarse en la granja. Para ello, se pueden aplicar las siguientes medidas:

Empleo de boyas de nivel constante, ya que reducen significativamente el número de bebederos necesarios y, como consecuencia, las roturas y las pérdidas asociadas.

Instalación de contadores, tanto analógicos como digitales, que permitan controlar el uso del agua en las instalaciones y hacer un seguimiento de las pérdidas.

Consumo responsable de agua

La gestión del agua en las granjas porcinas debe abordarse de forma integral, diferenciando entre el consumo directo por parte de los animales y los usos indirectos asociados a las operaciones de la granja.

Un control adecuado de ambos permite optimizar el uso de este recurso, reducir pérdidas y mejorar las condiciones sanitarias y ambientales de las instalaciones.

Medidas de optimización de la gestión del agua

La optimización del uso del agua en la granja pasa por la aplicación de las siguientes medidas prácticas orientadas a reducir pérdidas, mejorar la eficiencia de los sistemas de suministro y facilitar el control del consumo:

PROGRAMAS DE ALIMENTACIÓN

Una de las bases para la reducción de la huella de carbono es disminuir las emisiones asociadas a la alimentación. En este sentido, resulta clave ajustar las estrategias nutricionales a las necesidades productivas de los animales.

Sistemas de alimentación electrónicos

El uso de sistemas de alimentación electrónicos permite ajustar de forma precisa la cantidad de pienso que recibe cada animal en función de su estado productivo, reduciendo el desperdicio y mejorando la eficiencia del sistema.

Además, favorecen un mejor control del consumo y contribuyen a mantener los comederos limpios.

Ajuste de las necesidades de alimentación al estado productivo

Las necesidades en gestación son diferentes y menos elevadas que en lactación, y en las fases de crecimiento y cebo ocurre lo mismo.

En este contexto, incidir en la formulación de las dietas mediante la inclusión de aminoácidos sintéticos y enzimas como las fitasas es una estrategia útil para mejorar la eficiencia y reducir el impacto ambiental, contribuyendo a la disminución de las emisiones de fósforo y, de manera indirecta, de nitrógeno.

AMINOÁCIDOS SINTÉTICOS

El uso de aminoácidos sintéticos facilita la aplicación del concepto de proteína ideal, permitiendo formular dietas con el aporte exacto de aminoácidos y reducir así la proteína bruta y la excreción de nitrógeno al medio ambiente.

Este enfoque resulta especialmente relevante en la fase de cebo, donde la optimización del nivel proteico tiene un impacto directo en la reducción de emisiones.

FITASAS

El uso de fitasas para reducir los niveles de fósforo es altamente recomendable, ya que permite aprovechar los fitatos presentes en las materias primas y hacerlos disponibles para los animales.

A su vez, se mejoran otros nutrientes que pueden encontrarse unidos al fitato (ácido fítico), por lo que la excreción de fósforo en el medio ambiente es mínima.

ANTIBIÓTICOS EN EL HORIZONTE DE LA SOSTENIBILIDAD

En los últimos años se ha producido una fuerte reducción en el uso de antibióticos en producción ganadera, pero es necesario seguir trabajando. Las resistencias antimicrobianas, dependiendo del tipo de antibiótico, siguen siendo importantes y continúan en aumento.

La limitada disponibilidad de nuevas moléculas refuerza la necesidad de realizar un esfuerzo más intenso, enfocado en el establecimiento de protocolos de monitorización sanitaria efectivos.

GESTIÓN DE PURINES

El manejo de los purines es un aspecto clave en la gestión ambiental de la granja, ya que constituye una de las principales fuentes de emisión de amoniaco a la atmósfera.

Este se genera por la acción de la ureasa, que transforma la urea en amoniaco, un compuesto irritante para las vías respiratorias.

En este contexto, cualquier estrategia orientada a reducir la excreción de urea o a limitar su transformación contribuye a disminuir estas emisiones.

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