Llevo años metido en granjas, entrando por las mismas puertas que el personal, revisando entradas, hablando con equipos y corrigiendo esos “pequeños” fallos que nadie ve… hasta que un día se convierten en un problema muy grande.

Si hay un virus que no perdona esas grietas, es el virus de la Peste Porcina Africana (vPPA), un virus que no entiende de excusas ni de “mañana lo hago”. Tampoco de “solo esta vez”.

Es un virus resistente, testarudo, que sabe aprovechar lo más humano que tenemos: la prisa, la rutina, la confianza excesiva y esa costumbre de pensar que “aquí nunca pasará”.

No tenemos una vacuna comercial que nos saque del apuro, ni hay tratamiento milagroso en el que apoyarnos.

Lo que sí tenemos —y no es poca cosa— es BIOSEGURIDAD BIEN HECHA, todos los días, con disciplina y sentido común. Por eso quiero contar lo que veo a diario: lo que funciona de verdad y lo que falla, mezclando la evidencia científica con esa experiencia que solo se adquiere cuando has pisado barro, has compartido vestuario con los operarios y has visto cómo se vive la bioseguridad cuando el teléfono no para de sonar.

 

 

EL ENEMIGO INVISIBLE: UN VIRUS QUE JUEGA CON VENTAJA

El vPPA no se derrota con carteles en la pared ni con fotografías de instalaciones impecables. Pertenece a la familia Asfarviridae y su complejidad genética va acompañada de algo todavía más preocupante para nosotros: su capacidad de aguantar en el ambiente.

Hablamos de un patógeno capaz de:

Sobrevivir meses en productos cárnicos curados o congelados
Resistir semanas en sangre seca y heces
Mantenerse infectivo en cadáveres durante largos periodos

En lo que respecta a la PPA, un descuido nunca es “una anécdota”, es una puerta abierta y el virus, si la encuentra, entra.

Esto no es un dato para una presentación: es la explicación de por qué una bota mal desinfectada, una rueda con restos orgánicos o un bocadillo con embutido traído de casa pueden terminar costando una granja entera.

LA VERDADERA AMENAZA: NOSOTROS

En granja hay que hablar claro: cuando la PPA entra, casi nunca es por mala suerte pura. En la mayoría de los casos entra porque alguien, en algún momento, decidió —consciente o inconscientemente— que el protocolo era flexible, negociable o “para cuando haya tiempo”.

También entiendo el contexto: las granjas no son laboratorios. Hay presión de producción, falta de personal, averías, animales que no esperan y camiones que llegan cuando llegan.

El factor humano: donde todo se decide

Después de revisar brotes en distintos países y auditar explotaciones de niveles muy diferentes, el patrón es casi siempre el mismo: el factor humano es el vector más frecuente a larga distancia.

No es el jabalí el que cruza fronteras con un remolque. Somos nosotros con nuestros vehículos, nuestra ropa, nuestras botas, nuestras manos, nuestros hábitos y nuestra comida.

Un ejemplo real, demasiado común…

En una granja donde trabajé como asesor, el protocolo de entrada era impecable sobre el papel: vestuario bien diseñado, cartelería, pediluvios, registros.

Pero el equipo de mantenimiento tenía “su atajo” para acceder rápido a la zona de bombas. Ese atajo evitaba el cambio de botas. Durante meses no pasó nada. Hasta que pasó. Una sola vez fue suficiente.

La evidencia es clara respecto al sistema de entrada danesa:

Es una de las barreras más eficaces que tenemos. Pero instalarlo no basta: hay que diseñarlo de forma que sea imposible saltársela, incluso cuando hay prisas, frío o “solo vengo un momento”.

RECOMENDACIONES DESDE EL TERRENO (LAS QUE LA GENTE REALMENTE CUMPLE)

Con los años he visto que las medidas que funcionan no son necesariamente las más sofisticadas, sino las que están bien pensadas para el día a día real de la granja.

VEHÍCULOS: LOS CABALLOS DE TROYA DEL SIGLO XXI

Si tuviera que señalar el lugar donde “bioseguridad teórica” y “bioseguridad real” chocan con más fuerza, diría sin dudar: los vehículos.

Transporte de animales, camiones de pienso, recogida de cadáveres, servicios técnicos… Toda esa logística se mueve a diario entre explotaciones, mataderos y centros de servicio. Si no se controla bien, se convierte en el mejor aliado del virus.

He visto camiones considerados “limpios” con materia orgánica incrustada en los pasos de rueda, bajo los guardabarros, en las juntas de las rampas y en rincones donde nadie mira… hasta el día en que sí importa.

LIMPIEZA EN SECO

Retirar toda la materia orgánica visible: cama, estiércol, restos de pienso.

¡Si esta fase se hace mal, todo lo que viene después es puro teatro!

DETERGENTE ESPUMANTE + AGUA CON CAUDAL Y PRESIÓN

Aquí se falla muchísimo: agua a presión sin detergente, caudal escaso, prisa.

El detergente es el que rompe y emulsiona la suciedad. Si además se puede utilizar agua caliente después, mejor, pero siempre respetando el orden.

¡Primero detergente, luego aclarado!

DESINFECCIÓN CON ESPUMA ACTIVA

Solo se debe hacer después de limpiar.

Los viricidas (por ejemplo, formulaciones en base a Cresoles + Glicoles, Glutaraldehído + QAC, Peroximonosulfato potásico) necesitan concentración correcta, tiempo de contacto real, poca carga orgánica y agua con dureza controlada.

Y algo obvio pero que se olvida: el producto debe estar validado frente a PPA.

SECADO

Secar bien es clave, ya que el binomio desinfectante + calor + ventilación
+ secado multiplica la eficacia. El virus se inactiva con temperaturas altas (en torno a 55–60 °C), pero no vamos a acercarnos a eso si todo queda húmedo, frío y a medias.

El problema no suele ser que los transportistas “no sepan” lo que hay que hacer. Es que trabajan con tiempos ajustados, rutas largas y presión de costes.

Los centros de lavado certificados, con protocolos claros, personal formado y auditoría real, marcan una diferencia enorme en la práctica.

EL BOSQUE QUE NOS ACECHA: JABALÍES COMO RESERVORIO

En muchas zonas de Europa, el jabalí mantiene el ciclo epidemiológico de la PPA. Pero intento evitar el discurso simple de “el jabalí es el culpable de todo”. En muchos casos, el jabalí es víctima y reservorio accidental dentro de un sistema que hemos ayudado a construir.

El ciclo hábitat–cadáver

Se ha descrito un patrón que, cuando lo ves en mapas y en campo, impresiona: el “ciclo hábitat–cadáver”.

Vallados: necesarios, pero no suficientes

El vallado “a prueba de jabalí” es una herramienta importante, sobre todo en sistemas al aire libre o extensivos. Pero los informes técnicos y la realidad de campo coinciden en algo: los vallados por sí solos no bastan.

El papel de las autoridades: el control exterior

Las autoridades sanitarias son clave en todo lo que ocurre fuera de la valla:

Fauna silvestre
Vigilancia
Zonificación
Coordinación con el sector cinegético y con el tejido productivo

El marco europeo es claro, pero la ejecución es muy desigual según la zona.

Para los que estamos en campo, la información temprana sobre detecciones cercanas —aunque sea a decenas de kilómetros— no es un detalle: es lo que nos permite reforzar medidas en la granja antes de que el riesgo “nos llegue encima”.

LA CADENA DIAGNÓSTICA: EL ESLABÓN DEL QUE CASI NADIE HABLA

Cuando aparece una sospecha, se pone en marcha el circuito granja–laboratorio. Ese recorrido también puede convertirse en un vector si no se cuida.

LIMPIEZA Y DESINFECCIÓN: LA CIENCIA DEL ORDEN Y LA PACIENCIA

La limpieza y desinfección no es un ritual que se “pasa rápido” al final del día. ES UNA SECUENCIA TÉCNICA.

¡Si se cambia el orden o se recortan pasos, se pierde eficacia!

Una frase que repito mucho en las granjas es que “un pediluvio con estiércol flotando no es un pediluvio, es una sopa de microorganismos”.

El calor es un gran aliado: a baja temperatura el virus aguanta mucho más, mientras que con calor se inactiva rápidamente.

El lavado, secado y, cuando proceda, el tratamiento térmico de la ropa de trabajo a temperaturas suficientes (por encima de 60 °C) suma más de lo que parece.

CUANDO TODO FALLA: LA CONTENCIÓN DEL BROTE

Ojalá nunca toque vivirlo, pero hay que estar preparados.

La diferencia entre un “brote contenido” y un “desastre” suele ser OPERATIVA, no cuestión de suerte.

El marco legal marca el mínimo exigible, pero la capacidad de la granja y del equipo para ejecutarlo sin improvisar es lo que marca el resultado.

LO QUE HE APRENDIDO CON LOS AÑOS

La bioseguridad no es una lista colgada en la oficina. Es una cultura operativa.

He visto granjas con instalaciones espectaculares fallar por rutina y exceso de confianza y he visto granjas modestas mantenerse negativas en zonas complicadas gracias a una disciplina casi obsesiva.

Si tuviera que resumir mis claves, serían:

La PPA no es cuestión de “mala suerte”. Es, en gran parte, cuestión de disciplina.

El virus está ahí fuera, en jabalíes, en productos, en el ambiente… esperando a que bajemos la guardia.

Las autoridades tienen su parte en el control exterior, sí, pero en el día a día la primera y la última línea somos nosotros: técnicos, veterinarios y personal de granja.

También he visto lo contrario: qué funciona.

Cuando el equipo entiende por qué y aplica las medidas sin atajos, funciona. Hay granjas en zonas de riesgo que llevan años manteniéndose libres gracias a una bioseguridad sencilla, constante y bien interiorizada.

No escribo esto desde un despacho aislado. Lo escribo después de visitar granjas semana tras semana y ver, una y otra vez, que el riesgo real vive en los detalles: una bota mal limpiada, una rueda con restos, un “solo esta vez”

La PPA es un enemigo serio, pero no invencible. Nos exige ser meticulosos, constantes y, sobre todo, humildes. Porque el día que alguien dice “aquí no puede pasar”, suele ser el día en que ya ha empezado a pasar.

BIBLIOGRAFÍA
1. Juszkiewicz, M., et al. (2023). African Swine Fever: Transmission, Spread, and Control with a Focus on Biosecurity. Pathogens.
2. Cukor, J., et al. (2024). Wild boar carcasses in the center of boar activity: crucial for ASF persistence and transmission. Veterinary Research.
3. Guinat, C., et al. (2016). Transmission routes of African swine fever virus to domestic pigs: current knowledge and future research directions. Veterinary Record, 178(11), 262-267.
4. Pavone, S., et al. (2024). Biological Containment for African Swine Fever (ASF): Development of a Biosafety and Biosecurity Tool for Diagnostics and Experimental Activities. Animals, 14(3), 454.
5. WOAH (2024). Addressing African Swine Fever: Laboratory guidelines for detection and containment. World Organisation for Animal Health.
6. FAO (2023). Global consultation on African swine fever control. Food and Agriculture Organization of the United Nations
7. Comisión Europea (DG SANTE): Marco regulatorio actualizado de PPA.
8. EFSA (2018-2024): Informes sobre control en jabalí y medidas de bioseguridad
9. Reglamento UE 2023/594: Medidas especiales de control de PPA.

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