En la producción porcina, el desempeño de las granjas no depende únicamente de la tecnología o la genética, sino del valor del capital humano y la capacitación en granjas porcinas.
Así lo explica Laura Batista, médica veterinaria especializada en producción porcina, quien subraya que la formación y capacitación impactan directamente en los resultados productivos, señalando que uno de los primeros puntos clave es entender la diferencia entre ambos términos; mientras la formación es un proceso continuo orientado al desarrollo integral del personal a largo plazo, la capacitación responde a necesidades puntuales, como la mejora de una habilidad específica o la introducción de nuevos procesos dentro de la operación.
Para que estos procesos sean efectivos, es fundamental identificar correctamente las necesidades de cada trabajador. En este sentido, la especialista recomienda el uso de herramientas como evaluaciones diagnósticas iniciales que permitan conocer el nivel de conocimiento y perfil de cada persona. Asimismo, enfatiza la importancia de personalizar la enseñanza, generar confianza en el equipo y apoyarse en tecnologías como la inteligencia artificial o sistemas de monitoreo para detectar fallas, especialmente en temas de bioseguridad.
La motivación del personal es otro eje central. De acuerdo con Batista, los equipos responden mejor cuando comprenden el propósito de los cambios, es decir, cómo impactan en la salud animal, en la eficiencia del trabajo diario o en indicadores productivos como los kilos destetados. Además, señala que los incentivos deben adaptarse a cada individuo, ya que factores como la educación de los hijos, el tiempo en familia o el reconocimiento pueden ser tan o más relevantes que una compensación económica.
En cuanto a la comunicación dentro de la granja, recomienda que sea clara, directa y estructurada. Hacer uso de herramientas simples como pizarras para la asignación de tareas o la definición de planes alternos ante imprevistos pueden mejorar significativamente la operación diaria. En el ámbito de la enseñanza, destaca que las sesiones teóricas deben ser breves y complementarse con actividades prácticas, dinámicas y visuales que faciliten el aprendizaje.
Respecto al perfil del formador, este debe contar con habilidades de comunicación, empatía y liderazgo, además de mantener una actitud abierta y colaborativa con el equipo, pues la capacidad de enseñar desde un enfoque horizontal, reconociendo que el aprendizaje es bidireccional, resulta clave para generar confianza y mejores resultados en el proceso de capacitación en granjas porcinas.
Finalmente, la especialista abordó uno de los principales retos del sector: la rotación de personal. En este sentido, destacó que invertir en el capital humano (que representa entre el 5% y el 10% de los costos de producción) puede generar beneficios significativos en la estabilidad de los equipos. Asimismo, la incorporación de tecnologías que reduzcan tareas repetitivas contribuye a mejorar la calidad de vida de los trabajadores y, por ende, a su permanencia en la empresa.
Fuente: Entrevista con Laura Batista para PorciNews en Español.
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