La evolución genética de las líneas porcinas ha permitido obtener cerdas hiperprolíficas capaces de producir camadas cada vez más numerosas, sin embargo, este avance también ha generado nuevos retos para las granjas, particularmente durante la etapa de maternidad.
Cuando una cerda puede parir más lechones que el número de pezones disponibles, el desafío ya no consiste únicamente en obtener un mayor número de nacidos, sino en lograr que esos lechones sobrevivan, reciban suficiente calostro y alcancen un adecuado crecimiento hasta el destete. En este escenario, el concepto de la cerda reproductora ha evolucionado hacia el de una “cerda lechera”, en la que la capacidad de producción láctea y el manejo durante la lactación adquieren un papel central.
El calostro, prioridad durante las primeras horas de vida
El lechón recién nacido presenta importantes limitaciones fisiológicas. Cuenta con pocas reservas energéticas, escasa grasa corporal, carece de pelo y tiene una capacidad limitada para regular su temperatura, por ello, las primeras horas de vida son determinantes.
La ingesta de calostro de su propia madre durante las primeras 12 a 24 horas proporciona energía y componentes inmunitarios, incluidos anticuerpos y células relacionadas con la respuesta inmune.
Uno de los principales riesgos durante este periodo es la hipotermia. Un lechón que pierde temperatura puede reducir considerablemente su actividad, dificultando que llegue a la ubre y aumentando el riesgo de quedar expuesto al aplastamiento. Por esta razón, antes de colocar a mamar a un lechón débil o de bajo peso, es necesario recuperar primero su temperatura y vitalidad mediante una fuente de calor.
La cerda puede realizar sesiones de amamantamiento aproximadamente cada 30 minutos, alcanzando alrededor de 30 lactaciones al día. Después de la bajada de leche, la ubre puede recuperar cerca del 80 % de su contenido en aproximadamente 35 minutos; esta dinámica hace que el manejo de los lechones tenga un impacto directo sobre la producción láctea.
La leche se produce en las glándulas mamarias y el vaciado de los alvéolos mediante la succión estimula la continuidad de la producción; si determinadas zonas de la ubre no son vaciadas, la producción de leche en esas áreas puede interrumpirse. Por ello, las intervenciones innecesarias en la paridera pueden alterar el comportamiento natural de lactación y afectar la producción total de leche.
Lactaciones partidas: cuándo y cómo utilizarlas
Las camadas extremadamente numerosas pueden superar ampliamente la capacidad de los pezones disponibles. En estos casos puede recurrirse a las denominadas lactaciones partidas, mediante las cuales los lechones se organizan en diferentes turnos para facilitar el acceso a la ubre.
Sin embargo, el criterio de manejo es fundamental: los lechones que deben separarse temporalmente son los grandes y fuertes, mientras que los pequeños deben permanecer con la madre. El grupo de lechones fuertes puede mantenerse separado durante un periodo limitado, de aproximadamente una hora y bajo una fuente de calor, permitiendo que los lechones más pequeños tengan acceso a las mamas sin competencia.
El objetivo no es simplemente repartir a los animales, sino favorecer que los más vulnerables puedan consumir leche mientras se mantiene la estimulación de la glándula mamaria.
Una vez asegurado el calostrado durante las primeras horas de vida, la estrategia debe orientarse a reducir al mínimo los movimientos de los lechones entre camadas. Las adopciones pueden ser una herramienta de manejo, pero los movimientos masivos entre parideras pueden incrementar determinados problemas sanitarios y aumentar el riesgo de aplastamiento.
Además, mantener lechones vitales junto a otros más débiles puede favorecer una estimulación más eficiente de la ubre, ya que los animales con mayor fuerza de succión contribuyen al vaciado de las glándulas mamarias, por ello, el objetivo debe ser encontrar un equilibrio entre la necesidad de homogeneizar las camadas y la conservación de una dinámica de lactación eficiente.
Alimentación: una cerda hiperprolífica tiene una elevada demanda
Durante el pico de producción, una cerda puede llegar a producir alrededor de 15 litros de leche al día, lo que implica una elevada demanda de nutrientes y agua. En este periodo, el consumo puede alcanzar aproximadamente 7 a 8 kg de alimento y entre 20 y 25 litros de agua diarios, sin embargo, la capacidad física del estómago limita la cantidad de alimento que puede consumir en una sola toma.
Suministrar grandes cantidades de alimento de manera puntual puede generar rechazo y provocar una ingesta irregular. Por ello, una estrategia consiste en fraccionar la ración en varias tomas durante el día o utilizar sistemas automáticos que permitan dosificar el alimento de manera individual.
Sumado a esto, el estado corporal con el que la cerda llega a la maternidad influye en su comportamiento productivo, pues las cerdas con exceso de condición corporal pueden presentar un inicio de consumo más lento, mientras que aquellas que llegan demasiado delgadas pueden experimentar un balance energético negativo más pronunciado durante la lactación.
Las primerizas requieren especial atención, ya que deben destinar nutrientes simultáneamente al mantenimiento, crecimiento corporal y producción de leche, por ello, el manejo nutricional no debería plantearse de manera uniforme para todas las reproductoras, sino considerar las características y necesidades de cada animal.
El reto de controlar dos ambientes térmicos diferentes
La maternidad presenta una particularidad: la cerda y sus lechones tienen necesidades térmicas muy diferentes; mientras que el lechón recién nacido necesita un ambiente de aproximadamente 32 a 36 °C, la cerda se encuentra confortable a temperaturas inferiores a 20 °C.
La solución pasa por generar un microambiente adecuado para los lechones sin incrementar innecesariamente la temperatura que soporta la reproductora. El estrés térmico puede afectar directamente el consumo de alimento: según el material analizado, por cada grado por encima de los 20 °C, el consumo de pienso de la cerda puede disminuir aproximadamente 100 gramos diarios.
La reducción del consumo puede repercutir en la disponibilidad de nutrientes para la producción de leche. Además, el estrés por calor modifica la distribución del flujo sanguíneo hacia los tejidos periféricos, lo que puede afectar la irrigación de la glándula mamaria y, con ello, la producción láctea.
El programa de iluminación es otro elemento que puede incorporarse a la estrategia de manejo de la maternidad; un esquema de aproximadamente 16 horas de luz al día, con una intensidad cercana a 100 lux, se ha relacionado con una mayor frecuencia de amamantamiento y un mayor consumo de alimento por parte de la cerda.
El objetivo es integrar la iluminación dentro de un manejo ambiental que favorezca tanto el comportamiento de la reproductora como el desempeño de los lechones.
Capacitar al personal para reducir errores de manejo
El potencial genético de una cerda hiperprolífica no se expresa únicamente mediante genética y alimentación; el manejo diario en maternidad es determinante.
La rotación de trabajadores representa un desafío para las granjas, ya que los nuevos integrantes deben conocer rápidamente los protocolos y criterios de manejo, por ello, la capacitación debe realizarse cada vez que se incorpora nuevo personal, en lugar de depender exclusivamente de cursos ocasionales.
También resulta importante combinar la experiencia de los trabajadores con mayor trayectoria con la evidencia científica disponible, esto permite conservar conocimientos prácticos útiles, pero también identificar y corregir prácticas que se mantienen únicamente por tradición.
Entre los aspectos que requieren especial atención se encuentran el manejo del calostro y el uso adecuado de herramientas como la oxitocina, evitando que los mitos o prácticas arraigadas sustituyan a los protocolos basados en evidencia.
La cerda hiperprolífica exige un manejo integral
El aumento del número de lechones nacidos ha modificado las prioridades dentro de la maternidad; la productividad de una cerda hiperprolífica no puede evaluarse únicamente por su prolificidad, sino también por su capacidad para producir leche, mantener su condición corporal y sostener el crecimiento de la camada.
Calostrado, temperatura, dinámica de lactación, adopciones, alimentación, agua, iluminación y capacitación del personal forman parte de un mismo sistema de manejo; el reto para las granjas porcinas es conseguir que el potencial genético de estas reproductoras se traduzca en más lechones viables y con un adecuado desarrollo al destete, sin comprometer la condición y el desempeño futuro de la cerda.
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