Las granjas de porcino intensivo dispondrán de nuevas herramientas para adaptar sus medidas de bioseguridad y los riesgos de entrada de enfermedades como la peste porcina africana (PPA), especialmente aquellas transmitidas por fauna silvestre. Este avance es posible gracias a una investigación en la que ha participado la Universitat de Lleida (UdL).
El estudio, difundido en la revista Preventive Veterinary Medicine y desarrollado junto a especialistas de distintas regiones como Castilla-La Mancha, Aragón o Murcia, señala que la presencia y desplazamiento de jabalíes en el entorno de las granjas constituye uno de los principales factores de riesgo. Este comportamiento, además, está condicionado tanto por el paisaje como por las características propias de cada explotación.
Los investigadores también han identificado puntos débiles en infraestructuras y gestión, como deficiencias en los cerramientos perimetrales o en el control de accesos y circulación del personal. Dado que cada granja presenta un nivel de riesgo distinto, subrayan la importancia de realizar evaluaciones individualizadas que permitan aplicar medidas más ajustadas y efectivas.
A partir de estos resultados, se ha desarrollado un protocolo específico de bioseguridad externa para el sector ganadero que servirá como base para una futura guía del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Según destacan los autores, esta herramienta podrá utilizarse tanto en zonas restringidas como en otras áreas para analizar la vulnerabilidad de las granjas frente al virus y aplicar medidas preventivas adecuadas. Entre los firmantes figura el investigador en sanidad animal de la UdL, Gregori Mentaberre.
La investigación se llevó a cabo en 40 granjas situadas en Cataluña, Aragón y Murcia, territorios que concentran más de la mitad del censo porcino nacional. Las explotaciones analizadas presentaban distintos tamaños y modelos de producción intensiva, con censos que oscilaban entre 300 y casi 12.000 animales. El objetivo fue estudiar en detalle factores como la interacción con fauna salvaje, la gestión interna o las condiciones de las instalaciones para detectar posibles riesgos y sentar las bases de planes de bioseguridad adaptados a cada caso.
Uno de los aspectos más novedosos es que la información obtenida permite diseñar planes de bioseguridad adaptados a cada granja, estableciendo prioridades en función del nivel de riesgo real. Esto facilita una mejora progresiva y más eficaz, que puede ir desde el refuerzo de vallados hasta la reorganización de accesos o la capacitación del personal. Aunque este protocolo se ha desarrollado con la PPA en mente, su aplicación podría extenderse a otras enfermedades transmisibles entre distintas especies.

