La diarrea neonatal y postdestete continúa siendo uno de los principales problemas sanitarios en producción porcina debido a su impacto sobre la mortalidad y el crecimiento y, como consecuencia, las pérdidas económicas que genera.

El uso de paneles diagnósticos mediante qPCR ha puesto de manifiesto que la mayoría de los procesos entéricos no responden a la acción aislada de un único microorganismo.

Lo habitual es detectar varios patógenos de forma simultánea, interactuando sobre un intestino condicionado por la edad, microbiota, estado inmunitario y factores de manejo.

En este escenario, el objetivo diagnóstico ya no debe limitarse a identificar “el causante de la diarrea”, sino a comprender qué papel desempeña cada microorganismo dentro del ecosistema intestinal y en el contexto sanitario de la granja.

DE UN ÚNICO PATÓGENO A UN ECOSISTEMA DE INTERACCIONES

Durante décadas, la diarrea del lechón se ha asociado a patógenos concretos como Escherichia coli, Rotavirus o el virus de la Diarrea Epidémica Porcina. Sin embargo, la experiencia diagnóstica actual demuestra que esta visión resulta insuficiente para explicar la mayoría de los casos clínicos.

La detección simultánea de varios microorganismos no implica que todos tengan el mismo protagonismo.

 

Algunos actúan como patógenos primarios, mientras que otros aprovechan el daño intestinal previo para multiplicarse y agravar el proceso.

MANEJO Y AMBIENTE: EL TERRENO DONDE SE EXPRESA LA ENFERMEDAD

En los procesos digestivos, además de los patógenos, diversos factores de manejo y ambientales pueden alterar el equilibrio intestinal, condicionando la aparición y gravedad de la enfermedad y favoreciendo que infecciones subclínicas acaben expresándose clínicamente. Entre los principales se encuentran:

Temperatura y humedad

Calidad del encalostramiento

Densidad de animales

Higiene de las parideras

Cambios de alimentación

Mezcla de animales

Estrés del destete

En muchos casos, el resultado de un panel diagnóstico diferencial solo puede interpretarse correctamente si se integra con esta información.

Un mismo patógeno puede tener un significado e implicación muy diferente en una granja con buen manejo, baja presión de infección y lechones correctamente encalostrados, que en otra con elevada carga ambiental, lotes heterogéneos y animales sometidos a estrés nutricional o térmico.

¿QUÉ OCURRE EN LAS PRIMERAS FASES DE PRODUCCIÓN?

Procesos diarreicos en lactación

La lactación constituye una de las fases más delicadas para la salud intestinal del lechón.

Durante los primeros días de vida, la inmadurez del sistema inmunitario y digestivo convierte al intestino en un entorno especialmente vulnerable, donde pequeñas alteraciones favorecen rápidamente la instauración de procesos multifactoriales.

En este contexto, los rotavirus representan uno de los principales agentes implicados en la diarrea neonatal, siendo capaces de iniciar el daño intestinal que posteriormente favorece la participación de otros microorganismos.

En porcino se han descrito tres especies con importancia clínica:

Los rotavirus se replican en los enterocitos maduros localizados en el extremo de las vellosidades intestinales, provocando su destrucción y una marcada atrofia de las vellosidades.

Como consecuencia:

Disminuye la actividad de enzimas digestivas como la lactasa.

Se reduce la capacidad de absorción de nutrientes.

Aumenta el paso de agua hacia la luz intestinal, originando una diarrea de tipo osmótico.

Además, el retraso en la regeneración del epitelio intestinal compromete temporalmente la función barrera del intestino, creando un entorno propicio para la colonización y proliferación de otros patógenos entéricos.

Uno de los ejemplos más representativos de esta interacción en lactación es la asociación entre Rotavirus y Escherichia coli.

Rotavirus actúa como desencadenante inicial al replicarse en enterocitos maduros, provocar atrofia de las vellosidades intestinales y reducir la capacidad de absorción. Este entorno facilita la colonización por cepas patógenas de E. coli, que encuentran una barrera intestinal debilitada.

Algo similar ocurre con Clostridium:

La Tabla 1 resume los principales patógenos detectados en muestras digestivas de lechones lactantes entre 2021 y 2026 (Muestras recibidas en el servicio diagnóstico de Exopol S.L.).

En la fase de lactación, la gravedad del proceso también depende de factores como el encalostrado, esencial para asegurar una adecuada transferencia de inmunidad pasiva y mejorar la capacidad del lechón para controlar las infecciones durante los primeros días de vida.

Procesos diarreicos en transición

El destete representa uno de los momentos de mayor inestabilidad para la salud intestinal del lechón.

La separación de la madre, el cambio de alimentación, la mezcla de animales y la disminución de la inmunidad pasiva generan un profundo desequilibrio fisiológico que favorece la instauración de procesos infecciosos complejos.

La Tabla 2 recoge los principales agentes incluidos en el panel diferencial digestivo de transición.

Una de las asociaciones que podemos encontrar es entre Escherichia coli enterotoxigénico (ETEC) y Salmonella enterica, especialmente S. Typhimurium.

ETEC induce una intensa pérdida de agua y electrolitos mediante la producción de enterotoxinas, mientras que Salmonella invade la mucosa intestinal y desencadena una marcada respuesta inflamatoria.

La alteración simultánea de la función secretora y de la integridad del epitelio intestinal agrava la diarrea, prolonga la recuperación y aumenta la heterogeneidad de los lotes.

Sin embargo, las coinfecciones durante la transición no se limitan a la coexistencia de dos microorganismos. Cada vez es más frecuente detectar bacterias tradicionalmente asociadas a fases posteriores de producción, como Lawsonia intracellularis.

La retirada del óxido de zinc y la creciente restricción del uso de antimicrobianos han modificado la dinámica de numerosas infecciones digestivas, favoreciendo la detección de L. intracellularis en animales cada vez más jóvenes, cuando el intestino todavía no ha recuperado el equilibrio tras el destete (Luise et al., 2024; Rodríguez-Vega et al., 2024).

En muchas granjas, estas bacterias pueden coexistir con virus inmunomoduladores como PRRS.

Aunque este virus no produce diarrea de forma directa, puede comprometer la respuesta inmunitaria del animal, favoreciendo la persistencia de otros patógenos y dificultando la resolución de los cuadros digestivos.

Una situación similar ocurre con Brachyspira spp.

Aunque históricamente la disentería porcina y la espiroquetosis intestinal se han asociado a animales de mayor edad, especialmente en fase de cebo, hoy pueden detectarse de forma más precoz en granjas con factores predisponentes.

La afectación del intestino grueso limita la reabsorción de agua y dificulta la recuperación funcional del aparato digestivo.

Su efecto sobre la renovación del epitelio intestinal reduce la capacidad de absorción de nutrientes y, cuando esta lesión se suma a una infección previa por ETEC, el lechón pierde capacidad para compensar las pérdidas de líquidos y nutrientes, favoreciendo la aparición de animales desmedrados y lotes heterogéneos.

Más que una suma de infecciones independientes, estas asociaciones constituyen procesos dinámicos en los que cada agente puede modificar el entorno intestinal y facilitar la acción del siguiente.

CONCLUSIONES

Las coinfecciones digestivas en maternidad y transición representan mucho más que la presencia simultánea de varios microorganismos.

Son el resultado de una compleja interacción entre patógenos, la maduración del sistema inmunitario, la microbiota intestinal y factores de manejo como el correcto encalostrado, el estrés del destete, la alimentación o las condiciones ambientales, que condicionan la susceptibilidad del lechón y la evolución del proceso.

En este contexto, el diagnóstico ya no debe centrarse únicamente en identificar el agente infeccioso presente, sino en comprender el papel que desempeña cada microorganismo dentro del ecosistema intestinal y los factores que favorecen su establecimiento.

Este enfoque integral permitirá interpretar con mayor precisión los hallazgos diagnósticos y diseñar estrategias de prevención y control más eficaces, adaptadas a la realidad sanitaria de cada granja.

Te puede interesar: Coinfecciones de PRRS: La importancia de una aproximación diagnóstica global

BIBLIOGRAFÍA
1. Luise, D., Negrini, C., Correa, F., & Trevisi, P. (2024). Effect and mode of action of different doses and sources of zinc in weaning pigs using a meta-analytical and systematic review approach. Italian Journal of Animal Science, 23(1), 241–258.
2. Rodríguez-Vega, V., Puente, H., Carvajal, A., Pérez-Pérez, L., Gómez-Martínez, S., Leite, F. L., García, R., Abella, L., & Argüello, H. (2024). Detection and quantification by molecular techniques of early infection by Lawsonia intracellularis in suckling piglets. Porcine Health Management, 10, 38. https://doi.org/10.1186/s40813-024-00394-6
3. Camargo, A., Guerrero-Araya, E., Castañeda, S., et al. (2022). Intra-species diversity of Clostridium perfringens: A diverse genetic repertoire reveals its pathogenic potential. Frontiers in Microbiology, 13:952081. https://doi.org/10.3389/fmicb.2022.952081
4. Benz, R., Piselli, C., Hoxha, C., et al. (2022). Clostridium perfringens Beta2 toxin forms highly cation-selective channels in lipid bilayers. European Biophysics Journal, 51, 15–27. https://doi.org/10.1007/s00249-021-01577-7

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