La diarrea neonatal y postdestete continúa siendo uno de los principales problemas sanitarios en producción porcina debido a su impacto sobre la mortalidad y el crecimiento y, como consecuencia, las pérdidas económicas que genera.
El uso de paneles diagnósticos mediante qPCR ha puesto de manifiesto que la mayoría de los procesos entéricos no responden a la acción aislada de un único microorganismo.

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DE UN ÚNICO PATÓGENO A UN ECOSISTEMA DE INTERACCIONES
Durante décadas, la diarrea del lechón se ha asociado a patógenos concretos como Escherichia coli, Rotavirus o el virus de la Diarrea Epidémica Porcina. Sin embargo, la experiencia diagnóstica actual demuestra que esta visión resulta insuficiente para explicar la mayoría de los casos clínicos.
La detección simultánea de varios microorganismos no implica que todos tengan el mismo protagonismo.

MANEJO Y AMBIENTE: EL TERRENO DONDE SE EXPRESA LA ENFERMEDAD
En los procesos digestivos, además de los patógenos, diversos factores de manejo y ambientales pueden alterar el equilibrio intestinal, condicionando la aparición y gravedad de la enfermedad y favoreciendo que infecciones subclínicas acaben expresándose clínicamente. Entre los principales se encuentran:








| En muchos casos, el resultado de un panel diagnóstico diferencial solo puede interpretarse correctamente si se integra con esta información.
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¿QUÉ OCURRE EN LAS PRIMERAS FASES DE PRODUCCIÓN?
Procesos diarreicos en lactación
La lactación constituye una de las fases más delicadas para la salud intestinal del lechón.

En este contexto, los rotavirus representan uno de los principales agentes implicados en la diarrea neonatal, siendo capaces de iniciar el daño intestinal que posteriormente favorece la participación de otros microorganismos.
En porcino se han descrito tres especies con importancia clínica:

| Los rotavirus se replican en los enterocitos maduros localizados en el extremo de las vellosidades intestinales, provocando su destrucción y una marcada atrofia de las vellosidades. |
Como consecuencia:



Además, el retraso en la regeneración del epitelio intestinal compromete temporalmente la función barrera del intestino, creando un entorno propicio para la colonización y proliferación de otros patógenos entéricos.

| Rotavirus actúa como desencadenante inicial al replicarse en enterocitos maduros, provocar atrofia de las vellosidades intestinales y reducir la capacidad de absorción. Este entorno facilita la colonización por cepas patógenas de E. coli, que encuentran una barrera intestinal debilitada. |

Algo similar ocurre con Clostridium:

La Tabla 1 resume los principales patógenos detectados en muestras digestivas de lechones lactantes entre 2021 y 2026 (Muestras recibidas en el servicio diagnóstico de Exopol S.L.).

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Procesos diarreicos en transición
El destete representa uno de los momentos de mayor inestabilidad para la salud intestinal del lechón.
La separación de la madre, el cambio de alimentación, la mezcla de animales y la disminución de la inmunidad pasiva generan un profundo desequilibrio fisiológico que favorece la instauración de procesos infecciosos complejos.
La Tabla 2 recoge los principales agentes incluidos en el panel diferencial digestivo de transición.

Una de las asociaciones que podemos encontrar es entre Escherichia coli enterotoxigénico (ETEC) y Salmonella enterica, especialmente S. Typhimurium.
ETEC induce una intensa pérdida de agua y electrolitos mediante la producción de enterotoxinas, mientras que Salmonella invade la mucosa intestinal y desencadena una marcada respuesta inflamatoria.


Sin embargo, las coinfecciones durante la transición no se limitan a la coexistencia de dos microorganismos. Cada vez es más frecuente detectar bacterias tradicionalmente asociadas a fases posteriores de producción, como Lawsonia intracellularis.

En muchas granjas, estas bacterias pueden coexistir con virus inmunomoduladores como PRRS.

Una situación similar ocurre con Brachyspira spp.
Aunque históricamente la disentería porcina y la espiroquetosis intestinal se han asociado a animales de mayor edad, especialmente en fase de cebo, hoy pueden detectarse de forma más precoz en granjas con factores predisponentes.

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CONCLUSIONES
Las coinfecciones digestivas en maternidad y transición representan mucho más que la presencia simultánea de varios microorganismos.

| En este contexto, el diagnóstico ya no debe centrarse únicamente en identificar el agente infeccioso presente, sino en comprender el papel que desempeña cada microorganismo dentro del ecosistema intestinal y los factores que favorecen su establecimiento.
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BIBLIOGRAFÍA
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