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Material de enriquecimiento en granjas de madres: claves para favorecer la conducta exploratoria

Escrito por: Laura Pérez Sala - Licenciada en Veterinaria por la UAB y Master en Sanidad y Producción Porcina por la UdL. Trayectoria profesional se desarrolló en el área del marketing de la industria del Petfood En la actualidad ejerce como Veterinaria especialista en producción porcina y Personal Coach

En las granjas modernas, donde el entorno está cuidadosamente controlado, hay comportamientos que no desaparecen, sino que simplemente buscan cómo expresarse.

La conducta exploratoria del cerdo es uno de ellos: una necesidad profundamente arraigada que, si no se canaliza adecuadamente, puede derivar en problemas de manejo, bienestar e incluso en pérdidas productivas.

En este contexto, el material de enriquecimiento adquiere un papel mucho más relevante de lo que a veces se le atribuye. No se trata únicamente de “poner algo en el corral”, sino de:

LA CONDUCTA EXPLORATORIA: EL ORIGEN DEL PROBLEMA… Y DE LA SOLUCIÓN

El cerdo es un animal profundamente explorador. Su comportamiento está orientado a la búsqueda de alimento, lo que se traduce en una actividad constante de manipulación, olfateo y escarbado. 

Este patrón, heredado de su antecesor salvaje, el jabalí, sigue plenamente activo en los animales de granja.

Por ello, el enriquecimiento ambiental debe entenderse como una herramienta para canalizar una necesidad biológica, no como un elemento accesorio.

Cuando el entorno no permite expresar este comportamiento, el animal redirige esa motivación y es entonces cuando aparecen conductas no deseadas o una menor interacción con el entorno.

 

QUÉ DEBE TENER UN MATERIAL DE ENRIQUECIMIENTO PARA SER REALMENTE EFICAZ

El valor de un material de enriquecimiento no depende de su presencia, sino de sus características. Para que cumpla su función, debe ser:

Estos criterios responden directamente al comportamiento natural del cerdo. Si el material no permite ingerir, morder o modificar, pierde gran parte de su interés.

Este es uno de los puntos donde más diferencias se observan entre lo que se utiliza en granja y lo que realmente funciona desde el punto de vista del animal.

La paja: el estándar… y sus límites

La paja sigue siendo el material de referencia porque cumple todos los requisitos:

Permite escarbar, manipular, ingerir y mantener el interés a lo largo del tiempo.

Sin embargo, su uso no siempre es compatible con todos los sistemas productivos.

Por ejemplo, en instalaciones con fosa de purines o con poca superficie sólida, puede generar dificultades de manejo.

Esto obliga a encontrar un equilibrio entre lo ideal y lo viable, adaptando las soluciones a cada sistema sin perder de vista el objetivo funcional del enriquecimiento.

Alternativas: útiles, pero no equivalentes

Ante las limitaciones de la paja, se han desarrollado múltiples alternativas. Algunas, como las cuerdas de fibras naturales, ofrecen resultados aceptables, especialmente en maternidad, al ser manipulables y accesibles.

Otras, como cadenas o elementos plásticos, pueden generar interacción, sobre todo si están suspendidas y aportan movimiento o sonido.

Sin embargo, su capacidad para satisfacer la conducta exploratoria es limitada, ya que no son comestibles ni destructibles.

Este matiz es importante: la interacción no siempre implica que el material esté cumpliendo su función.

La importancia de clasificar para decidir mejor

Resulta útil diferenciar los materiales según su idoneidad. Esta clasificación permite entender que no todos los materiales tienen el mismo valor.

Aquellos materiales considerados óptimos deben constituir la base del sistema, los adecuados pueden complementar, y los limitados no deberían utilizarse como única opción.

Colocación del material de enriquecimiento: el factor más infravalorado

Uno de los errores más frecuentes no está en el material elegido, sino en su colocación. Un material adecuado puede resultar ineficaz si se ensucia, no es accesible o pierde visibilidad:

Este aspecto, a menudo subestimado, puede marcar la diferencia entre un enriquecimiento funcional y uno meramente testimonial.

NORMATIVA: MÁS ALLÁ DE LA PRESENCIA DE MATERIAL DE ENRIQUECIMIENTO

La legislación establece que el material de enriquecimiento debe:

Estar disponible desde el nacimiento hasta el final de la vida productiva.
Ser accesible para todos los animales.
Mantenerse en cantidad suficiente.

Sin embargo, el cumplimiento normativo no depende únicamente de la presencia del material, sino de su continuidad y funcionalidad.

El uso puntual de elementos como papel o secantes, frecuente en el periparto, no es suficiente si no se mantiene durante toda la fase.

Esta es una de las situaciones donde más fácilmente se produce un incumplimiento, pese a que la percepción en granja pueda ser diferente.

Maternidad: adaptar sin perder funcionalidad

La maternidad es una fase especialmente sensible, donde las limitaciones de espacio y manejo condicionan las decisiones.

En este contexto, las cuerdas de algodón o arpillera suspendidas representan una solución práctica, al ser accesibles tanto para la cerda como para los lechones y mantenerse relativamente limpias.

Este tipo de materiales permiten introducir enriquecimiento sin comprometer la operativa, manteniendo un equilibrio entre funcionalidad y viabilidad.

Errores habituales: lo que sigue fallando en granja

A pesar de los avances, siguen siendo habituales prácticas que limitan la eficacia del enriquecimiento:

El uso de materiales que no cumplen los requisitos básicos.
La colocación en el suelo.
La falta de mantenimiento.
El uso puntual en lugar de continuo.
Estas situaciones generan una falsa sensación de cumplimiento, pero no aportan beneficios reales ni desde el punto de vista del bienestar ni del manejo.

GUÍA RÁPIDA DE ENRIQUECIMIENTO AMBIENTAL

¿Por qué es importante el enriquecimiento?

Permite canalizar la conducta exploratoria, un comportamiento innato ligado a la búsqueda de alimento.
Su ausencia puede traducirse en frustración, redirección del comportamiento hacia otros animales y aparición de problemas de manejo.
En maternidad, influye en el desarrollo temprano del comportamiento de los lechones y en la interacción con la cerda.

¿Qué material debo usar?

Los materiales fibrosos (paja, heno, subproductos vegetales) siguen siendo la referencia.

Si se utilizan materiales alternativos, deben aportar al menos parte de estas características y no sustituir completamente a los óptimos.

¿La paja es siempre necesaria?

Es el estándar desde el punto de vista etológico, ya que cumple todos los requisitos.
Permite mantener el interés del animal durante más tiempo que otros materiales.

En sistemas con fosa de purines o limitaciones estructurales, su uso puede no ser viable.

En estos casos, se debe compensar con estrategias alternativas bien planteadas.

¿Qué hago si no puedo usar paja?

Utilizar materiales alternativos de origen natural.

Cuerdas de algodón o arpillera
Madera blanda o bloques de fibra
Subproductos fibrosos adaptados

Combinar distintos materiales para cubrir varias funciones (explorar, masticar, manipular).
Evitar depender de un único elemento, especialmente si es limitado (cadena, plástico).
Evaluar periódicamente si el material realmente se utiliza o pierde interés.

¿Dónde y cómo coloco el material?

Preferiblemente suspendido, para evitar suciedad y aumentar la interacción.

A la altura del animal, accesible tanto para la cerda como para los lechones.

Evitando el contacto continuo con el suelo o zonas con heces.

Renovar o sustituir cuando pierda interés o se deteriore.

Asegurar que todos los animales tengan acceso, no solo los dominantes.

¿Cumplo la normativa?

Solo si el material está:

Disponible desde el nacimiento hasta el final de la fase.

Presente en cantidad suficiente para todos los animales.

Adaptado al tipo de animal y sistema productivo.

El uso puntual (por ejemplo, papel en periparto) no es suficiente si no se mantiene en el tiempo.

El material debe ser funcional, no únicamente simbólico.

¿Qué errores debo evitar?

Utilizar materiales que no son comestibles ni destructibles (como única opción), se ensucian fácilmente (elementos en el suelo) y pierden rápidamente el interés de los animales.

Ofrecer enriquecimiento solo en momentos concretos y no de forma continua.

No revisar ni renovar los materiales.

Confundir cumplimiento visual con eficacia real.

Depender de un único tipo de material sin evaluar su uso por los animales.

CONCLUSIONES

El material de enriquecimiento en porcino no debe entenderse como un elemento accesorio, sino como una herramienta de manejo directamente ligada al comportamiento natural del animal.

Su función no es simplemente ocupar al cerdo, sino permitirle expresar una conducta exploratoria que forma parte de su biología.

Parte del problema ha sido precisamente conceptual: durante años se ha hablado de “juguetes”, un término que induce a pensar en algo destinado a distraer o entretener. Sin embargo, no se trata de un recurso lúdico, sino de una necesidad etológica.

El cerdo necesita explorar, manipular y hozar, pero cuando no puede hacerlo, aparecen frustración y conductas indeseadas.

Por tanto, el enriquecimiento no es un complemento opcional, sino una condición necesaria para un manejo adecuado y respetuoso con su naturaleza.

La eficacia del enriquecimiento no depende únicamente del material elegido, sino de cómo se integra en el sistema productivo.

Aspectos como su capacidad para ser manipulado, ingerido o destruido, junto con su correcta colocación y mantenimiento, son determinantes para que cumpla su función.

La eficacia del enriquecimiento no depende únicamente del material elegido, sino de cómo se integra en el sistema productivo.

Aspectos como su capacidad para ser manipulado, ingerido o destruido, junto con su correcta colocación y mantenimiento, son determinantes para que cumpla su función.

La paja continúa siendo el referente, pero su aplicación práctica obliga en muchos casos a recurrir a soluciones alternativas.

Estas pueden ser útiles, pero deben evaluarse siempre en función de su capacidad real para estimular al animal, evitando confundir interacción puntual con enriquecimiento efectivo.

Por otro lado, el cumplimiento normativo va más allá de la simple presencia de materiales en la granja.

La disponibilidad continua, la accesibilidad para todos los animales y la adecuación del material son aspectos clave que deben considerarse en conjunto.

En definitiva, el enriquecimiento ambiental requiere un enfoque práctico y adaptado a cada sistema, en el que se equilibren las necesidades del animal con la realidad de la granja.

Integrarlo correctamente no solo permite cumplir con la normativa, sino que contribuye a un manejo más coherente con el comportamiento del cerdo y a una mejora global del sistema productivo.

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