Nutrición porcina

Microbiota intestinal en el cerdo: de la taxonomía a la función en producción porcina

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El cerdo (Sus scrofa domesticus) es un animal monogástrico cuya fisiología digestiva presenta importantes similitudes con la del ser humano, especialmente en lo relativo a la anatomía del tracto gastrointestinal, la dinámica del tránsito intestinal y el tipo de dieta.

Esta analogía ha permitido que muchos de los avances en el estudio de la microbiota intestinal humana sean, con las debidas precauciones, extrapolables a la producción porcina.

La microbiota intestinal se define como el conjunto de microorganismos que colonizan de forma estable el tracto digestivo del hospedador.

En el cerdo, esta comunidad microbiana desempeña funciones esenciales en:

La digestión
El metabolismo
La maduración del sistema inmunitario
El mantenimiento de la integridad de la barrera intestinal

Desde un punto de vista funcional, la microbiota puede considerarse un auténtico “órgano metabólico”, altamente dinámico y sensible a la dieta, el manejo, el estrés y el estado sanitario.

El objetivo de este artículo es ofrecer una visión práctica de la microbiota intestinal porcina, reduciendo el énfasis en la descripción taxonómica y centrándose en sus funciones clave y aplicaciones en producción.

Mejorando la integridad intestinal
Contribuyendo al desarrollo de la inmunidad
Controlando poblaciones de bacterias patógenas gracias a su efecto bactericida

MICROBIOTA INTESTINAL: UNA SIMBIOSIS INTERESPECÍFICA

El cerdo y su microbiota pertenecen a dominios biológicos diferentes, con arquitecturas celulares y capacidades metabólicas radicalmente distintas.

A pesar de ello, la coexistencia es estable y funcionalmente imprescindible.

La microbiota intestinal no debe entenderse como una suma de especies aisladas, sino como un ecosistema complejo en el que bacterias filogenéticamente distintas pueden desempeñar funciones similares.

Desde una perspectiva aplicada, la taxonomía es una herramienta descriptiva útil, pero no debe interpretarse como un objetivo en sí mismo.

En producción porcina, lo relevante no es la presencia de un género concreto, sino el equilibrio funcional del conjunto.

PRINCIPALES GRUPOS BACTERIANOS EN EL INTESTINO DEL CERDO

Aunque la diversidad bacteriana intestinal es elevada, la microbiota del cerdo está dominada por unos pocos grandes grupos:

Firmicutes: grupo mayoritario en animales adultos, estrechamente ligado a la fermentación de carbohidratos complejos y a la producción de butirato, clave para la salud intestinal.

Bacteroidetes: especializado en la degradación de polisacáridos dietéticos, especialmente relevante en dietas ricas en fibra.

Proteobacteria: minoritario en animales sanos, asociándose su aumento a disbiosis, inflamación o estrés.

Actinobacteria: más relevante en etapas tempranas de la vida, asociada a la maduración inmunitaria.

Más allá de esta clasificación general, la interpretación debe ser siempre funcional y contextual.

FUNCIÓN DE LA MICROBIOTA INTESTINAL EN PRODUCCIÓN PORCINA

Aprovechamiento digestivo y eficiencia alimentaria

El cerdo carece de enzimas capaces de digerir completamente muchas fracciones de origen vegetal presentes en la dieta. La microbiota intestinal, especialmente a nivel de ciego y colon, compensa esta limitación mediante procesos fermentativos, llevando a cabo las siguientes funciones principales:

Fermentación de fibra dietética
Producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC)
Recuperación energética a partir de sustratos no digeribles

Los AGCC, especialmente el butirato, son fundamentales para la salud intestinal, ya que constituyen la principal fuente energética de los colonocitos y favorecen la renovación epitelial.

Una microbiota fermentativa eficiente se asocia a una mejor conversión alimentaria y a una mayor estabilidad digestiva, especialmente en dietas con niveles moderados de fibra.

Regulación del ambiente intestinal

La actividad metabólica de la microbiota condiciona el microambiente intestinal, influyendo sobre el pH, la disponibilidad de nutrientes y la proliferación indirecta de microorganismos oportunistas.

La producción de AGCC contribuye a:

Mantener un pH intestinal desfavorable para patógenos
Limitar el crecimiento de bacterias oportunistas
Estabilizar el ecosistema intestinal tras cambios de dieta

Los principales AGCC (acetato, propionato y butirato) son ácidos orgánicos débiles que contribuyen a la disminución del pH intestinal tras su liberación, favoreciendo la proliferación de bacterias beneficiosas, inhibiendo la de bacterias patógenas y mejorando la absorción de calcio y magnesio. Además, esta acidificación potencia la función del butirato como fuente de energía de los colonocitos.

Este efecto de estabilización del sistema es especialmente relevante en situaciones de estrés, como el destete, el transporte o las transiciones alimentarias bruscas, donde es frecuente la aparición de disbiosis.

Microbiota y destete: un punto crítico

El destete representa uno de los mayores desafíos fisiológicos y microbiológicos en la vida del cerdo. El cambio abrupto de dieta, la separación materna y el estrés ambiental y social provocan una reorganización profunda de la microbiota intestinal que no es especialmente beneficiosa para lechón.

Durante este periodo es habitual observar una reducción de bacterias fermentativas beneficiosas, unida a un aumento transitorio de microorganismos oportunistas, lo que provoca una mayor inestabilidad digestiva que puede ser perfectamente la vía de entrada a la aparición de diarreas.

La capacidad del lechón para restablecer rápidamente una microbiota funcional se asocia a menor incidencia de diarrea postdestete, mejor crecimiento inicial y menor necesidad de tratamientos antimicrobianos.

Por este motivo, las estrategias nutricionales y de manejo orientadas a estabilizar la microbiota en esta fase son clave desde el punto de vista productivo.

Mantenimiento de la barrera intestinal

La barrera intestinal es un sistema dinámico de protección y regulación que separa la luz intestinal y su contenido del resto del organismo. En condiciones normales permite el paso selectivo de nutrientes y bloquea microorganismos, antígenos y toxinas. Parte de esta regulación es llevada a cabo por la microbiota a través de funciones de:

Estimulación de la renovación epitelial
Regulación de la secreción y composición del moco
Producción de metabolitos tróficos, como el butirato

Determinadas bacterias mucolíticas participan en un recambio controlado de la capa mucosa, contribuyendo a una barrera más funcional y resistente.

Una barrera intestinal íntegra reduce la translocación bacteriana, limita la inflamación de bajo grado y mejora la eficiencia productiva.

Además, la microbiota beneficiosa también compite a nivel de espacio y nutrientes frente a bacterias patógenas, controlando su crecimiento descontrolado y evitando la aparición de alteraciones intestinales.

Los polifenoles naturales refuerzan las uniones estrechas de los enterocitos, contribuyendo de forma notable al mantenimiento de la integridad intestinal.

En situaciones de estrés y disbiosis bacteriana la incorporación de polifenoles naturales en la dieta refuerza la integridad intestinal y minimiza la permeabilidad intestinal, evitando la translocación de patógenos y toxinas y limitando las reacciones inflamatorias.

Interacción con el sistema inmunitario intestinal

El intestino es el principal órgano inmunitario del cerdo y su correcto desarrollo depende de una estimulación microbiana adecuada.

La microbiota intestinal es esencial para la maduración del tejido linfoide asociado al intestino (GALT) y representa la mayor masa inmunológica del organismo.

Su función principal es proteger frente a patógenos sin generar respuestas inflamatorias innecesarias frente a la microbiota comensal y frente a los antígenos alimentarios.

También tiene relevancia por su función de secreción de IgA, que tiene la capacidad de neutralizar patógenos y toxinas e impide la adhesión bacteriana al epitelio intestinal, todo ello sin activar la cascada inflamatoria.

Una microbiota equilibrada permite una respuesta inmunitaria eficaz frente a patógenos sin generar inflamación innecesaria.

En producción, esto se traduce en animales más resilientes y con mejor rendimiento.

Inflamación subclínica y rendimiento productivo

Las alteraciones de la microbiota no siempre se manifiestan como procesos digestivos agudos. En muchos casos, inducen inflamación intestinal de bajo grado, difícil de detectar clínicamente, pero con un impacto negativo sobre el rendimiento productivo.

Esta inflamación subclínica puede:

Reducir la eficiencia alimentaria
Limitar el crecimiento
Aumentar la variabilidad entre animales

Desde esta perspectiva, la microbiota no debe considerarse solo como una causa de enfermedad, sino también como un indicador precoz de desequilibrios nutricionales, sanitarios o de manejo.

Exclusión competitiva y control de patógenos

La microbiota intestinal actúa como una primera línea de defensa frente a patógenos entéricos mediante mecanismos de exclusión competitiva.

Se produce una competencia por nutrientes y nichos ecológicos, además de una producción de metabolitos antimicrobianos que son capaces de modificar el entorno intestinal.

Este efecto es especialmente relevante en el control de Escherichia coli enterotoxigénico, Clostridium perfringens y Salmonella spp., y constituye una herramienta clave para reducir la presión infecciosa basal en las granjas.

IMPLICACIONES PRÁCTICAS EN PRODUCCIÓN PORCINA

El conocimiento funcional de la microbiota intestinal ha permitido desarrollar estrategias prácticas orientadas a mejorar la salud intestinal y reducir el uso de antibióticos:

Formulación de dietas adaptadas a cada fase productiva
Uso racional de probióticos y prebióticos
Transiciones alimentarias más progresivas
Mejora del manejo en fases críticas como el destete Modificación del entorno intestinal

En producción porcina, el uso de AGCM permite modular el ambiente intestinal y controlar patógenos bacterianos.

Actúan principalmente frente a patógenos en su forma no disociada, dañando la membrana bacteriana a través de la creación de poros, disociándose en el interior de su citoplasma y bloqueando la replicación del ADN bacteriano.

En el caso de Salmonella, son capaces de inhibir el gen HilA, responsable de su mecanismo de virulencia para invadir células entéricas.

A nivel sistémico los AGCM mejoran la integridad intestinal y son capaces de mejorar la inmunidad intestinal disminuyendo la apoptosis de los neutrófilos.

La combinación de estas acciones genera un efecto bactericida frente a bacterias Gram+ y Gram-, que se potencia cuando se utiliza una combinación de AGCM en lugar de un único AGCM específico.

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