La monitorización sanitaria de los animales presentes en las pirámides de producción es crucial para implementar los protocolos de bioseguridad y de manejo necesarios para minimizar la carga de patógenos en la explotación, además de permitir adoptar medidas de acción temprana para reducir el impacto económico de la aparición de una enfermedad a lo largo de toda la cadena de producción.
Tal y como vimos en la primera parte de este artículo, existen una serie de puntos críticos a lo largo de la pirámide de producción porcina cuyo control es esencial, debiendo emplearse las técnicas de diagnóstico adecuadas en función de la enfermedad de la que se sospecha. A continuación, pasaremos a conocer los puntos clave de la monitorización de nulíparas, reproductoras y lechones.
El establecimiento de un protocolo de vacunación es crucial para la obtención de una fuerte protección inmunitaria. Las vacunaciones están directamente relacionadas con los patógenos propios de cada explotación. De este modo, intentamos reducir la aparición de clínica a la entrada en granja que afecte a la capacidad productiva de los animales y sobre todo, evitar que se amplifique una enfermedad interna en la explotación.
Las primalas que van a entrar a la explotación deben de ser analizadas antes de la entrada para evitar posibles problemas en granja. Hemos de [registrados]comprobar tanto la correcta realización del protocolo vacunal como la ausencia de patologías. La monitorización se debe realizar de la siguiente manera:
- Control de PRRS: En granjas positivas deben ser PCR negativas y ELISA positivo. Podemos utilizar cuerdas y analizar fluidos orales en cada entrada (cogemos tres cuerdas que pasamos por tres corrales de 15 nulíparas).
- Influenza: usamos la misma técnica de fluidos orales, ya que nos permite también hacer un diagnóstico de PCR y ELISA.
- La Vacunación frente a Circovirus en todos los lechones ha tenido como consecuencia un cambio en la epidemiología de la enfermedad en las futuras reproductoras. En la actualidad pueden llegar negativas al final de su periodo de recría y a la entrada en granja. La vacunación del efectivo nos tiene que proporcionar títulos de IgG e IgM en sangre (indica si hay recirculación o no en las futuras). Si son IGM positivas e IGG negativas, hay recirculación en el lote de nulíparas.
- La monitorización frente a Mycoplasma en las futuras es muy complejo. Como alternativa realizamos la vacunación dos veces antes de entrar a granja, sin embargo no efectuamos ningún control serológico.
- Enfermedad de Aujeszky: realizaremos los muestreos que marca la legislación según la categoría de nuestras explotaciones.
- Rinitis atrófica: se pueden realizar muestreos en fluidos orales ante la posible contaminación de nuestro sistema (aunque tendríamos síntomas clínicos).
- La vacunación frente a ileítis es una opción para incrementar la salud intestinal de las futuras reproductoras.
La serología de las reproductoras en granjas positivas no nos aporta ninguna información para conocer el estatus de la granja por lo tanto debemos ir a los lechones de la explotación.
- Sangrado de lechones al nacimiento y realización PCR (pool de 3/5 sueros) para conocer si la recirculación es en la gestación. Al mismo tiempo tenemos que revisar el estatus de las nulíparas, nuestro manejo de flujos y un posible fallo en las medidas de bioseguridad.
- Sangrado de lechones retrasados al final de su periodo de lactación (muestreo dirigido). Si los lechones nacen negativos hay que establecer protocolos de control de flujos de lechones en la maternidad.
Como regla general es conveniente secuenciar el virus de la explotación (aunque hay veces que aparecen varios a lo largo del mismo año) con objeto de conocer si tenemos una recirculación debida a errores del manejo del flujo de los animales o si los problemas se deben a la entrada de una cepa nueva en la granja.
Todas las granjas positivas a PRRS que tienen flujos a destete negativos siempre tienen un pequeño porcentaje de animales positivos. De este modo hay que intentar evitar que no se rompa el flujo de los animales en lactación ya que podríamos amplificar la enfermedad.
Es complicado, en muchas ocasiones, poder establecer el papel que juegan los patógenos aislados en las distintas analíticas con el cuadro que padecemos en la granja. En primer lugar porque gran parte de las enfermedades, tanto digestivas como respiratorias, son multifactoriales, y en segundo lugar porque en determinadas patologías el aislamiento del germen no implica que sea el causante de la enfermedad (Ej.: En presencia de Mycoplasma, lo importante es la reacción inmunitaria que produce o en circovirus donde es necesario hacer una PCR cuantitativa para que tenga importancia).
En esta enfermedad encontramos dos formas clínicas de presentación en la explotación:
Presentación epizoótica en forma de brote
Una rápida extensión por toda la granja, desencadenando un proceso febril, anorexia y con un componente respiratorio. Apreciamos clínica de toses y abortos con una rápida diseminación pero un corto periodo de clínica. La utilización de ketoprofeno en el agua hace que se reduzca la fiebre disminuyendo el número de abortos.
El cuadro clínico de la Influenza en su presentación epizoótica suele ser muy claro: presencia de toses y anorexia en las reproductoras y en el cebo y sin complicaciones secundarias tiene unos 5-7 días de periodo de recuperación. En los lechones es más complicado ya que suele ser un primario del complejo respiratorio en las transiciones. Los fluidos orales de lechones de 6 y de 9 semanas nos establecen los posibles periodos de infección.
La vacunación de las reproductoras debe cumplir la doble función de proteger a las reproductoras y generar flujos de lechones no afectados en la fase de transición.
Presentación enzoótica
El virus está en la explotación sin dar lugar a una clínica aparente en los reproductores. Si bien es cierto que los indicadores productivos están alterados, ya que tenemos mayores índices de repeticiones y de pérdidas de gestación, pero sin ser un clínica evidente. El problema es que se generan lechones portadores del virus que pasan a la siguiente fase, con un impacto clínico en la transición donde el estrés y las infecciones secundarias jugarán un papel importante.
En esta segunda presentación los fluidos orales son una muestra idónea ya que la enfermedad no causa viremia, por lo tanto no se puede detectar el virus de la influenza en sangre mediante una PCR de suero sanguíneo. El ELISA no aporta información valida, ya que gran parte de las explotaciones son positivas. Por lo tanto, habría que tomar muestras de los mismos animales en el momento del brote y 3 semanas después y comprobar un aumento significativo de los títulos (de los mismos animales).
Dependiendo de la especie de Leptospira que nos afecte, tendremos distintos cuadros clínicos. La variedad de síntomas incluye:
- Incremento del porcentaje de camadas pequeñas
- Incremento de repeticiones
- Lechones momificados
- Abortos
- Nacimiento de lechones nacidos débiles
Normalmente la expresión clínica más habitual es un incremento del número de camadas pequeñas en la explotación, pasando de tener como máximo un 7% de camadas con menos de 8 lechones a valores superiores al 15% de las cerdas con camadas pequeñas, abortos, nacimiento de animales débiles e incremento del porcentaje de momificados en la explotación.
El método de diagnóstico es mediante el envió de sueros de cerdas problemáticas (abortos tempranos, endometritis, tamaño bajo de camada) para la identificación del serovar (adaptado o no adaptado) que nos está dando problemas en la explotación. A nivel de campo los más comunes son Pomona, Bratislava e Interrogans que son específicos del cerdo y serovar Icterohaemorrhagiae que es propia de cánidos y roedores pero que podemos encontrar en cerdos por su contacto directo con roedores. Toda la clínica debe ir acompañada de un diagnostico positivo ,siendo la técnica más utilizada y práctica la micro-aglutinación (MAT) que permite discernir entre las distintos serovares de Leptospira.
Como tratamiento, la vacunación del efectivo y la medicación frente a Leptospira de manera conjunta son las mejores herramientas para el abordaje de la enfermedad en los estadios iniciales.
El mal rojo es una enfermedad bacteriana infectocontagiosa que cursa con cuadros cutáneos y septicémicos. El aborto en cerdas es debido a la fiebre provocada tras las lesiones cutáneas, sin embargo las pruebas diagnósticas pueden ser poco concluyentes ya que las vacunas suelen dar unas titulaciones muy bajas y variables. La presencia de fiebre y del típico eritema, sobre todo en las nulíparas de la explotación, es un buen elemento de diagnóstico.
Cuando cursamos con clínica digestiva en reproductoras debemos realizar un abordaje integral y multifactorial. Los principales procesos digestivos que afectan a reproductoras son:
Los síntomas clínicos suelen ser inequívocos: anorexia seguida de diarrea verdosa en reproductoras. Para el diagnóstico laboratorial recogemos 5 botes con un pool mínimo de 5 cerdas en cada muestra para la realización de un PCR. En cuanto al tratamiento todavía se desconoce, la mayoría de las ocasiones se recurre a la retroalimentación de las cerdas de la granja. Esta técnica hay que estudiarla detenidamente ya que el estatus inmunitario de la granja para muchas enfermedades cambia. Normalmente al realizar retroalimentación, cuando la carga vírica del intestino de los lechones es muy alta, las cerdas tienen procesos de anorexia más pronunciados.
DISENTERIA (Brachyspira hyodysenteriae)
La sintomatología viene definida con una clínica de diarrea con sangre con alta presencia de moco, necrótica y hemorrágica. Para su diagnóstico, una muestra de heces para realizar una PCR es la opción más rápida.
Las autovacunas están dando un excelente resultado, ya que son capaces de bajar la presión de infección y, en muchas ocasiones, limitar la infección de la línea de cebo. Tal vez las nulíparas, mientras son vacunadas en el área de adaptación, deban ser medicadas (este protocolo conjunto suele dar excelentes resultados) para reducir la prevalencia en la línea de producción.
La diarrea en lechones suele ser un proceso multifactorial donde participan diferentes factores:
- Condiciones de temperatura y humedad de la paridera.
- Ventilación y ausencia de corrientes de aire.
- Diferenciación de la zona caliente de los lechones y zona de descanso.
- Edad media de las cerdas de la explotación.
- Protocolo de encalostramiento en la granja (cantidad media de ingesta).
- Protocolos vacunales y de estatus sanitario de la reproductoras.
- Manejo de la alimentación de reproductoras antes y después del parto.
Para la determinación del posible problema que cursa con procesos de diarrea en lechones es de vital importancia realizar el chequeo tanto del ambiente como de las cerdas.
Una vez realizado el chequeo del ambiente y de las reproductoras, se realiza la toma de muestras y su envío al laboratorio. En función de la clínica y los días de aparición del proceso realizaremos uno u otro análisis. Generalmente, y debido a que un proceso digestivo tiene carácter multifactorial, se suelen realizar varios análisis simultáneamente para descartar posibles causas lo antes posible.
- PCR para descartar Coronavirus (PEDv), Gastroenteritis Transmisible y Rotavirus (para este último hay vacunas disponible muy eficaces)
- PCR de factores de virulencia de E. coli (higiene de las instalaciones, protocolo vacunal)
- PCR de toxinas de Clostridium perfringens tipo A (existen vacunas de toxoides en el mercado)
Como medidas de prevención podemos realizar la vacunación de reproductoras para asegurarnos una buena protección. En algunas ocasiones, se puede acudir a la retroalimentación pero hay que ser cautos a la hora de establecerlo por sistema en las granjas ya que en muchas ocasiones puede suponer más un problema que una medida correctora. Para ello, las pautas a seguir son las siguientes:
- Limitarlo solo a heces, no usar paquetes intestinales ya que pueden trasmitir otros patógenos no deseados
- Bloquear el higienizante del agua con leche o usar agua que no contenga ningún producto para la higiene del agua
- Dar en el momento oportuno y en cantidad (a los 70/80 días de gestación), nunca realizarla cuando queden menos de 20 días para que se produzca el parto
La mayoría de las enfermedades que se presentan a lo largo de la pirámide de producción porcina se caracterizan por ser multifactoriales, por lo que siempre hemos de tener en mente que en condiciones de campo, es poco probable que encontremos un solo agente patógeno asociado al proceso.
Debemos incidir en el manejo de los animales con el fin de evitar tener que realizar pruebas y análisis innecesarios, ya que a menudo, el problema reside en un mal manejo más que en un agente patógeno.
Debemos considerar la granja en su conjunto. Por ejemplo, a la hora de abordar un problema en lechones debemos analizar qué está ocurriendo en las madres, el ambiente y la alimentación.
Hay que ser extremadamente cautos a la hora de establecer un diagnóstico basado en datos objetivos y teniendo en cuenta las interacciones que se producen entre los animales, los patógenos, el ambiente y el manejo.
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