Aunque esta diferencia es relativamente pequeña, se han observado diferencias considerablemente mayores entre los dos sexos en cuanto a la deposición proteica, en particular durante las últimas etapas de crecimiento.
A pesar de que se ha establecido desde hace mucho tiempo que los cerdos machos castrados tienen una menor capacidad de deposición proteica y, por lo tanto, requieren menos proteínas y aminoácidos en la dieta que los machos enteros o hembras para alcanzar el máximo crecimiento, las diferencias en estos aspectos entre machos enteros y […]
A pesar de que se ha establecido desde hace mucho tiempo que los cerdos machos castrados tienen una menor capacidad de deposición proteica y, por lo tanto, requieren menos proteínas y aminoácidos en la dieta que los machos enteros o hembras para alcanzar el máximo crecimiento, las diferencias en estos aspectos entre machos enteros y hembras están menos documentadas.
Batterham, Giles y Dettmann (1985) informaron que entre los 20 y 50 kg de peso vivo, niveles de lisina en la dieta necesarios para el crecimiento máximo eran similares para los dos sexos cuando se restringía la ingesta de energía, pero descubrieron que cuando se ofrecían alimentos ad libitum, los machos enteros necesitaban más lisina que las hembras para alcanzar el máximo crecimiento.
Sin embargo, en un segundo experimento, Giles, Batterham y Dettmann (1986) informaron de que, independientemente de la ingesta de energía entre los 20 y 50 kg, los dos sexos mostraban respuestas similares a la lisina.
Análogamente, Yen y otros (1986a) informaron de que sólo había pequeñas diferencias en los niveles de proteína dietética «ideal» necesaria para el máximo rendimiento de crecimiento en machos y hembras enteros entre los 25 y 55 kg de peso vivo, pero entre los 50 y 90 kg de peso vivo, los machos enteros requerían aproximadamente 0,06 más proteína «ideal» que las hembras. [registrados]
Aunque esta diferencia es relativamente pequeña, se han observado diferencias considerablemente mayores entre los dos sexos en cuanto a la deposición proteica, en particular durante las últimas etapas de crecimiento.
Por ejemplo, en una comparación de machos y hembras enteros de 20 a 45 kg, Campbell, Taverner y Curic (1983) informaron tasas similares de deposición proteica en los dos sexos a tasas de ingesta de energía digestible (DE) de hasta 27 MJ/día, pero descubrieron que cuando se ofrecía comida ad libitum (34 MJ DE por día) la deposición diaria de proteínas era mayor en machos enteros que en hembras.
Por otra parte, cuando se compararon los dos sexos entre 48 y 90 kg, Campbell, Taverner y Curic (1985a) encontraron que la máxima deposición de proteínas de los machos enteros era proporcionalmente casi 0,30 más alta que la de las hembras.
Los mismos autores informaron de que los machos enteros tuvieron una deposición proteica más rápida que las hembras, incluso cuando la ingesta de energía entre los 48 y 90 kg se restringió por debajo del nivel en el que se alcanzó la máxima deposición de proteínas en cualquiera de los dos sexos (33 MJ DE por día).
Estos resultados sugieren que, se esperaría que las hembras necesiten menos proteínas en la dieta para cubrir sus requerimientos de crecimiento que los machos enteros.
Campbell y colaboradores (2010) demostraron que a medida que el peso vivo aumenta, los requerimientos de proteína necesarios para lograr el máximo crecimiento disminuyen. Mientras que, el sexo no tuvo ningún efecto, entre los 20 y 40 kg de peso vivo, en el crecimiento ni en la concentración proteica necesaria para alcanzar el máximo crecimiento.
Además, demostraron que, en todas las etapas de crecimiento, los machos enteros crecieron más rápida y eficientemente que las hembras, y entre 20 y 70 kg; 20 y 80 kg; 20 y 90 kg; y 50 y 90 kg de peso vivo respondieron a concentraciones más altas de proteínas que las hembras.
Los resultados sugieren que la diferencia entre los dos sexos en sus respuestas a la inclusión proteica en las dietas es de suficiente magnitud durante las últimas etapas de crecimiento como para justificar la alimentación diferencial por sexo a partir de los 45 a 50 kg de peso vivo.
La disminución en el requerimiento proteico, con el aumento del peso vivo, en ambos sexos, sugiere que la eficiencia de la producción también podría aumentar si las concentraciones de proteínas alimentarias y aminoácidos se modificaran entre los 20 y 90 kg.
Referencias
Campbell, R., Taverner, M., & Curic, D. (1988). The effects of sex and live weight on the growing pig’s response to dietary protein. Animal Science, 46(1), 123-130. doi:10.1017/S0003356100003184
Más investigaciones:
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