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La fiebre aftosa o glosopeda es una de las enfermedades víricas de mayor importancia económica a nivel mundial, debido a que se considera de las más contagiosas de los mamíferos (Grubman y Baxt, 2004).
Afecta a un elevado número de especies unguladas, incluyendo al ganado bovino, porcino, ovino y caprino, así como a más de 70 especies de rumiantes silvestres. Por esta razón, representa una de las mayores barreras sanitarias para el comercio transfronterizo de animales y sus productos (Grubman y Baxt, 2004; González Gordon et al., 2022).
A su vez, la fiebre aftosa es una de las principales enfermedades vesiculares del ganado porcino, junto con el exantema vesicular, la estomatitis vesicular y la enfermedad vesicular porcina. Todas ellas son indistinguibles entre sí desde un punto de vista clínico, pero difieren en cuanto a su etiopatogenia y potencial impacto económico (Belsham et al., 2024).
El agente responsable de la fiebre aftosa es un virus ARN monocatenario, sin envoltura, perteneciente al género Aphthovirus de la familia Picornaviridae (Grubman y Baxt, 2004).
Existen más de 60 cepas diferentes de este virus, clasificadas en 7 serotipos:







Es importante destacar que no se genera inmunidad cruzada entre los diferentes serotipos, lo que implica que, para lograr una inmunidad completa frente a la fiebre aftosa, sería necesaria la inmunización frente a cada uno de ellos.
Como sucede con otros virus ARN, presenta una elevada variabilidad genética, es decir, se producen fácilmente mutaciones en su genoma que pueden dar lugar a variaciones antigénicas que podrían:



La fiebre aftosa fue descrita por primera vez por Fracastoro, en el año 1546, como una epidemia que asoló Europa.

En la actualidad, la fiebre aftosa es una enfermedad endémica en múltiples países de Asia, África, Oriente Medio y Sudamérica (González Gordon et al., 2022).
Concretamente, según datos de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), desde comienzos de 2024 la enfermedad está activa en países como Argelia, China, Comoras, Corea del Norte, Gambia, Guinea, Iraq, Libia, Mauricio, Mozambique, Palestina, Sierra Leona, Sudáfrica, Túnez, Uganda y Zimbabue (Organización Mundial de Sanidad Animal, 2025).
De hecho, el pasado mes de enero de 2025 se detectó un foco de fiebre aftosa en una explotación de búfalos de agua (Bubalus bubalis) de Alemania (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 2025).
Según la información transmitida por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), las autoridades de Alemania procedieron a la toma de muestras oficiales, que fueron analizadas para distintas enfermedades, confirmándose como positivas al virus de la fiebre aftosa por parte del Friedrich-Loeffler Institute de Alemania (DEU), Laboratorio Nacional de Referencia para esta enfermedad, en todos los animales de la explotación.
La cepa responsable de este brote (serotipo O, topotipo ME-SA/linaje SA 2018) también había sido detectada con anterioridad en Turquía, Irán, Omán, Emiratos Árabes Unidos, India y Nepal, teniendo la mayor homología genómica (99,8%) con un aislado procedente de Turquía en 2024.
En este sentido, las autoridades alemanas procedieron inmediatamente a adoptar todas las medidas de control establecidas en el Reglamento Delegado 687/2020, incluyendo:



Hasta la fecha, no se han detectado nuevos focos y todas las sospechas y contactos epidemiológicos detectados han resultado negativos a fiebre aftosa.
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En España, el último foco tuvo lugar en Talavera de la Reina (Toledo) en 1986 y afectó solo a ganado bovino.
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MAPA 1 Distribución mundial de la fiebre aftosa en animales domésticos y silvestres, según los datos notificados por los países miembros de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) entre 2005 y 2025. En rojo, países con presencia confirmada de la enfermedad; en amarillo, países con sospecha; en verde, países libres de fiebre aftosa; en gris, países que no proporcionaron información en el informe; y en blanco, países sin informes disponibles o sin brotes señalados. (Fuente: WOAH-WAHIS, consulta realizada en abril de 2025). |

El virus de la fiebre aftosa tiene una elevada capacidad de transmisión, lo que explica su gran distribución geográfica a nivel mundial.
En una población susceptible, la morbilidad puede llegar a ser de casi un 100 %.

EN EL CERDO, EL TIEMPO MÁXIMO DE EXCRECIÓN DESDE EL COMIENZO DE LA INFECCIÓN ES DE APROXIMADAMENTE UN MES (Moreno -Torres et al., 2022).


A nivel de las granjas, el virus se puede propagar por los siguientes medios (Organización Mundial de Sanidad Animal, 2025):






Por último, es importante destacar que el ser humano juega un papel muy relevante en la transmisión y propagación de esta enfermedad, ya que puede actuar como portador asintomático del virus, que se acantona en el tracto respiratorio durante 2-6 días, también pudiendo vehicular el virus en calzado, ropa, etc.
Sin embargo, es poco frecuente que el virus de la fiebre aftosa produzca cuadros de enfermedad en personas y, cuando lo hace, tiende a ocasionar síntomas leves (Bauer, 1997; Prempeh et al., 2001; Belsham et al., 2024).
| FIGURA 1. Fuentes de infección y vías de propagación del virus de la fiebre aftosa entre los cerdos. |

La mucosa de la faringe es la principal zona de entrada y replicación del virus de la fiebre aftosa, aunque también puede acceder a través del tracto gastrointestinal o de heridas.
Se trata de un virus epiteliotropo, lo que significa que, una vez en el organismo, migra por la circulación linfática hacia distintos epitelios (oral, nasal, glandular, de las pezuñas, etc.):


El periodo de incubación es variable, dependiendo del hospedador, la vía de entrada, las condiciones ambientales y la cepa vírica implicada.

Desde el punto de vista clínico, la enfermedad se caracteriza por:



El virus también se replica en tejido muscular, pudiendo ocasionar miositis. También pueden aparecer signos clínicos inespecíficos, como anorexia, depresión y/o pérdida de peso.
La enfermedad evoluciona con la rotura de las vesículas y la producción progresiva de anticuerpos que limitan la viremia.
Las lesiones comienzan a desaparecer y el virus desaparece del organismo, aunque persiste temporalmente en la orofaringe, quedando el animal como portador asintomático durante un tiempo.

Aunque la fiebre aftosa puede afectar a animales de todas las edades, los cuadros más graves se dan en animales muy jóvenes (menores de dos semanas de edad), pudiendo producir altas tasas de mortalidad debido a casos de miocarditis y muerte súbita o a la falta de amamantamiento si la madre también está afectada por la enfermedad.
| En conjunto, todo ello ocasiona importantes pérdidas de producción y, aunque la mayoría de los animales afectados logra recuperarse, la infección por el virus de la fiebre aftosa puede dejar secuelas en los animales afectados, tales como infecciones crónicas secundarias, deformación de las patas con la consecuente cojera permanente, mastitis crónica y/o bajo rendimiento lechero, debilidad por lesiones cardiacas y menor ganancia de peso, así como pérdida de la regulación térmica. |
La primera aproximación al diagnóstico de la fiebre aftosa se basa en la presencia de los signos clínicos descritos en el apartado anterior. Sin embargo, como se ha mencionado previamente, la fiebre aftosa es indistinguible de otras enfermedades vesiculares, especialmente en el cerdo.
En el porcino, la fiebre aftosa es clínicamente indiferenciable de la estomatitis vesicular, la enfermedad vesicular porcina y el exantema vesicular del cerdo, ya que todas ellas cursan con fiebre y la aparición de vesículas que progresan a erosiones (Belsham et al., 2024; Organización Mundial de Sanidad Animal, 2024b).
El diagnóstico definitivo de fiebre aftosa se debe confirmar de forma:


La fiebre aftosa es una enfermedad vírica para la cual no existe tratamiento. Por ello, su manejo se basa en estrategias de prevención y control que abarcan desde los sistemas de detección temprana y alerta hasta la adopción de medidas de prevención conforme a las Directrices de la OMSA para la vigilancia de la fiebre aftosa (Organización Mundial de Sanidad Animal, 2024a).
Esta enfermedad está incluida en la Lista única de enfermedades de notificación obligatoria del Código Sanitario para los Animales Terrestres (2009) de la OMSA y en la Categoría A de enfermedades de notificación obligatoria de la Unión Europea.
Fue la primera enfermedad para la cual la OMSA estableció una lista oficial de países y zonas reconocidos libres, con o sin vacunación (Belsham et al., 2024; Organización Mundial de Sanidad Animal, 2025).
| La protección de los países, áreas o zonas libres de fiebre aftosa se mantiene gracias a la vigilancia epidemiológica y a los controles estrictos de las importaciones y desplazamientos de animales y sus productos en las fronteras. |
MEDIDAS DE BIOSEGURIDADEs fundamental que se lleven a cabo prácticas eficaces de bioseguridad a nivel de las explotaciones para prevenir la introducción o la propagación del virus. Las principales medidas recomendadas en las explotaciones son (Organización Mundial de Sanidad Animal, 2025):
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MEDIDAS DE CONTINGENCIAEn caso de que se detecte un brote de fiebre aftosa, deben ponerse en marcha estrategias de contingencia para erradicar la enfermedad lo antes posible. Entre estas medidas, destacan:
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En los países o zonas endémicos, se puede complementar la eliminación selectiva con la vacunación de animales susceptibles, pero es imprescindible tener en cuenta que las vacunas usadas deberán proteger contra la cepa particular del virus circulante en cada región geográfica (Organización Mundial de Sanidad Animal, 2024b).
| En las regiones libres de fiebre aftosa sin vacunación, como es el caso de la Unión Europea, la vacunación profiláctica está prohibida, dado que puede interferir con los resultados de las pruebas diagnósticas y los animales vacunados también pueden actuar como portadores del virus. |
No obstante, en caso de detectarse un foco de fiebre aftosa en estas regiones, las autoridades pueden considerar la autorización de la vacunación de emergencia como medida de contención para tratar de limitar la propagación de la enfermedad.
BIBLIOGRAFÍA1.Bauer, K. (1997). Foot- and-mouth disease as zoonosis. Archives of virology. Supplementum, 13, 95–97. https://doi.org/10.1007/978-3-7091- 6534-8_9 2.Belsham, G. J., Botner, A., Lohse, L. (2024). Foot-and-mouth disease in animals. The Merck veterinary manual. Whitehouse Station, NJ:- Merck & Co., Inc. 3.González Gordon, L., Porphyre, T., Muhanguzi, D., Muwonge, A., Boden, L., & Bronsvoort, B. M. C. (2022). A scoping review of foot-and-mouth disease risk, based on spatial and spatio-temporal analysis of outbreaks in endemic settings. Transboundary and emerging diseases, 69(6), 3198–3215. https://doi.org/10.1111/tbed.14769 4.Grubman, M. J., & Baxt, B. (2004). Footand-mouth disease. Clinical microbiology reviews, 17(2), 465–493. https://doi.org/10.1128/ CMR.17.2.465-493.2004 5.Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (2025). Fiebre aftosa. https://www.mapa.gob.es/ es/ganaderia/temas/sanidad-animal-higiene-ganadera/sanidad-animal/enfermedades/fiebre-aftosa/fiebre_aftosa.aspx 6.Moreno-Torres, K. I., Delgado, A. H., Branan, M. A., Yadav, S., Stenfeldt, C., & Arzt, J. (2022). Parameterization of the durations of phases of foot-and-mouth disease in pigs. Preventive veterinary medicine, 202, 105615. https://doi. org/10.1016/j.prevetmed.2022.105615 7.Organización Mundial de Sanidad Animal, (2024a). – Terrestrial Animal Health Code. WOAH, Paris. 8.Organización Mundial de Sanidad Animal, (2024b). – Manual of Diagnostic Tests and Vaccines for Terrestrial Animals. WOAH, Paris. 9.Organización Mundial de Sanidad Animal, (2025). WOAH Technical Disease Card – Foot and mouth disease. https://www.woah.org/en/document/oie-technical-disease-card-foot-and-mouth-disease/ 10.Prempeh, H., Smith, R., & Müller, B. (2001). Foot and mouth disease: the human consequences. The health consequences are slight, the economic ones huge. BMJ (Clinical research ed.), 322(7286), 565–566. https://doi.org/10.1136/ bmj.322.7286.565 |
