17 Nov 2021

Enfermedades clostridiales en lechones: prevención y mitigación

En lechones encontramos a diferentes especies de bacterias del género clostridium como habitantes normales del intestino, pero en ciertas ocasiones y bajo ciertas circunstancias relacionadas con prácticas habituales de manejo y alojamiento, estas bacterias pueden convertirse en patógenas y causar afectaciones severas a la salud de los lechones y lógicamente al desempeño zootécnico y económico de la explotación porcina. 

Enfermedades clostridiales en lechones: prevención y mitigación

En lechones encontramos a diferentes especies de bacterias del género clostridium como habitantes normales del intestino, pero en ciertas ocasiones y bajo ciertas circunstancias relacionadas con prácticas habituales de manejo y alojamiento, estas bacterias pueden convertirse en patógenas y causar afectaciones severas a la salud de los lechones y lógicamente al desempeño zootécnico y económico de la explotación porcina. 

En los lechones, se producen tres enfermedades bastante comunes:

  • La enterotoxemia asociada a C. perfringens tipo C, la cual se caracteriza por una morbilidad variable y una alta mortalidad en neonatos y/o lechones recién destetados, caracterizada por muerte súbita, diarrea sanguinolenta o enteritis necrótica. 
  • La diarrea neonatal también puede estar asociada con C. perfringens tipo A, pero en este caso la morbilidad es moderada y la mortalidad es menor en comparación con C. perfringens tipo C. 
  • La infección por C. difficile, que afecta la región del ciego y el colon produce diarrea con morbilidad y mortalidad variables.

Las diarreas causadas por infección con C. perfringens tipo A o C. difficile han surgido en la mayoría de las industrias de producción porcina desarrolladas en todo el mundo y han coincidido con la aparición de grandes sistemas intensivos de producción porcina. 

Los lechones se infectan inicialmente a partir de sus madres y del contacto e ingestión de materia fecal de estas o con esporas de estas bacterias presentes en maternidades donde el proceso de aseo, desinfección y descanso no ha sido el adecuado. 

Aunque estas bacterias tienen la capacidad de producir cinco diferentes toxinas, los organismos de tipo C producen especialmente una toxina beta necrotizante que causa la enteritis necrotizante severa.

Clostridium perfringens tipo A produce toxina alfa y estos dos patógenos también pueden producir la toxina beta2.

Dentro de las principales medidas de control, se puede proporcionar inmunidad pasiva inmediata para C. perfringens tipo C mediante la administración oral o parenteral de una antitoxina a los lechones, dos horas posteriores al nacimiento. 

Además de esto, otra práctica que se puede implementar y que puede ofrecer una buena protección para los lechones, tanto para C. perfringens tipo C y tipo A, es inyectando a las hembras primerizas con una bacterina- toxoide y haciendo refuerzos algunas semanas antes de cada parto. 

Hasta ahora en América latina, el uso de ciertos antibióticos que poseen actividad anticlostridial como bacitracina de Zn, tilosina, virginiamicina, lincomicina y otros, administrados a través del alimento de las cerdas han mostrado ciertos resultados, pero cada día, debido a las restricciones estatales y a los requerimientos del mercado y los consumidores por productos libres de antibióticos, esta estrategia empieza a ser revaluada, lo que está llevando a que este tipo de patologías se empiecen a presentar de forma más frecuente. 

Dentro de las nuevas estrategias para prevención y mitigación de casos clínicos de las enteritis causadas por clostridios en los lechones, tanto durante la lactancia como durante las semanas posteriores al destete, los probióticos se han convertido en una alternativa bastante eficiente, en combinación con buenas prácticas de manejo, aseo y desinfección de las diferentes instalaciones, además de la necesidad de buscar estrategias para reducir los niveles de estrés en los animales que son factores predisponentes para el sobrecrecimiento bacteriano y la producción de enterotoxinas.

Un ejemplo de un género bien conocido de probióticos es Bacillus, que posee una larga historia en producción animal, y se ha utilizado principalmente para apoyar la salud y el funcionamiento correcto del tracto gastrointestinal. 

Huvepharma ha venido desarrollando una especie de ese género en particular, Bacillus licheniformis (DSM28710), que es de especial interés en lo que respecta a la mitigación de Enteritis necrotica. 

Se ha demostrado que esta especie es antagónica tanto in vivo como in vitro contra C. perfringens, restringiendo uno de los principales factores en el inicio y la gravedad de la enteritis necrótica en animales de producción. 

Estos beneficios están vinculados al modo de acción de B. licheniformis, que se considera multifactorial y se basa en el concepto de exclusión competitiva. Este concepto implica no solo la competencia directa e indirecta por los nutrientes y los sitios de unión física en el intestino, sino también la producción de compuestos antimicrobianos y la mejora de la actividad del sistema inmunológico. 

Esta especie probiótica se ha comercializado en los últimos años: B-Act® (Huvepharma, Sofía, Bulgaria), utilizando una sola cepa específica de B. licheniformis (DSM 28710) en su formulación.

El producto probiótico se comercializa a nivel mundial, incluido un registro europeo para su uso en aves de corral (EFSA, 2016, 2019), con una dosis efectiva de 1,6×109 UFC por kg de alimento.

  1. licheniformis tiene además de la capacidad de competir por nutrientes y espacios de unión física al intestino, la capacidad de producir un compuesto antimicrobiano que pertenece al grupo de bacteriocinas (Lantobióticos) llamado lichenicidina, que es un péptido sintetizado por este tipo de bacterias a nivel ribosomal y que tiene la capacidad de afectar la pared bacteriana de bacterias Gram positivas, especialmente clostridios. 

Suplementando el alimento de las cerdas durante las fases de gestación y lactancia, es posible mantener bajas las poblaciones de clostridios en el intestino de las hembras y de esta manera reducir la excreción de estas a través de la materia fecal. 

Además de esto, aprovechando el comportamiento natural de los lechones recién nacidos de consumir pequeñas cantidades de materia fecal de las madres, esto permite también que los lechones se inoculen con los B. licheniformis en concentraciones lo suficientemente altas como para poder controlar de esta manera las poblaciones de clostridios que podrían llegar a generarles problemas sanitarios. 

Un ejemplo de esto es el trabajo realizado por Huvepharma en una granja comercial de 450 madres en Binéfar (Huesca), España, donde se utilizaron 60 madres con un peso promedio de 275 Kg, las cuales fueron trasladadas a las unidades de parto los 107 días de gestación, las cerdas fueron mantenidas en jaulas de parto individuales. 

Los animales se dividieron en dos grupos de tratamiento (30 réplicas/grupo, 1 animal por réplica, similar en términos de paridad de cerdas y peso corporal).  Se realizó el proceso de igualación del tamaño de la camada dentro de las 24-48 horas posteriores al parto, pero solo dentro de los mismos grupos de tratamiento. El ensayo inició 17 días antes del parto y se continuó durante toda la lactancia (21-25 días).

El grupo de control alimentado con una dieta estándar de lactancia de la UE (pellet, componentes principales: cebada, trigo y maíz) y el grupo B-Act®, alimentado con el mismo alimento de control, pero con B-Act® inclusión de 1 kg por tonelada de alimento (3.2 x 1012 CFU Bacillus licheniformis/tonelada de alimento). 

La ingesta de alimento entre las cerdas no difirió entre los grupos de tratamiento, y promedió en 3,3 kg/día en los 17 días antes del parto y 5,8 kg/día durante la lactancia.

Los parámetros que se analizaron durante la prueba incluyeron el rendimiento estándar (peso corporal, ingesta de alimento, etc) y la productividad (número de lechones nacidos, pesos de la camada, ect), así como los tratamientos antibióticos necesarios.

 

Tabla 1. Parámetros de la prueba para el grupo control y el grupo B-Act®

Diferentes superíndices en la misma fila indican significación o tendencia (a, b: P < 0.05; x, y: 0.05 < P < 0.1).

 

Los resultados no mostraron diferencias entre los grupos sobre el peso corporal, el espesor de grasa dorsal o la ingesta diaria promedio de alimento de las cerdas.

El número de lechones viables nacidos vivos en el grupo B-Act® fue significativamente mayor (+2,6 lechones) que en el grupo control, a pesar del diseño aleatorio y el B-Act® que solo se introdujeron en las últimas etapas de la gestación.

Sin embargo, el peso total de la camada en el momento del destete también fue mayor en el grupo B-Act® en comparación con el control (+12,4 kg), con el B-Act® grupo que tiene significativamente más lechones destetados (+2 lechones destetados, Tabla 1).

A pesar de que la camada más grande fue de mayor tamaño, los lechones del grupo B-Act® tenían pesos similares al destete, en comparación con los procedentes de camadas del grupo control (5,82 kg vs. 5,75 kg para B-Act® y control respectivamente). Al mismo tiempo, el número de lechones tratados con antibióticos para tratar casos de diarrea tendió a ser menor en el grupo B-Act®, en comparación con el control.

Estos resultados son una fuerte indicación de que los lechones del grupo B-Act® tenían tractos gastrointestinales más saludables y con un mejor funcionamiento, lo que lleva a menos problemas de salud relacionados con problemas gastro intestinales y un mejor rendimiento.

Como conclusiones podemos mencionar que los probióticos, como el caso de B-Act® administrados a través del alimento de las cerdas durante la última etapa de la gestación y durante la lactancia pueden ejercer un efecto reduciendo poblaciones de clostridios y reduciendo la posibilidad de presentación de casos de enteritis necrótica en lechones, mejorando los parámetros de desempeño de estos, sin afectar la productividad de las madres, siendo una alternativa a la utilización de antibióticos explotaciones porcinas. 

 

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