De entre todos los mercados internacionales para la carne de cerdo, México ha aprendido a modernizarse para mantenerse como uno de los principañes productores.

La industria porcina en México ha mostrado un crecimiento sostenido durante la última década, impulsada por un aumento en la demanda interna y la necesidad de mejorar la eficiencia productiva.
Según datos oficiales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) y reportes de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), la producción de carne de cerdo alcanzó cerca de 1.45 millones de toneladas entre 2022 y 2024, con una expectativa de crecimiento moderado hacia 2026, siempre que se adopten innovaciones tecnológicas y mejores prácticas de manejo.
Una de las principales áreas de innovación se encuentra en la automatización y digitalización de procesos. Tecnologías como sensores de monitoreo de salud y crecimiento, sistemas de alimentación automatizada y biometría de identificación han comenzado a implementarse en granjas medianas y grandes. Estas herramientas permiten un seguimiento más preciso del peso, la salud y el comportamiento de los animales, optimizando la alimentación y reduciendo pérdidas por enfermedades.
La bioseguridad y sanidad animal también representan un área clave de innovación. La adopción de protocolos estandarizados, control de acceso a instalaciones, desinfección automatizada y monitoreo de enfermedades emergentes ha permitido reducir la incidencia de brotes, incrementando la productividad y seguridad de la carne producida para consumo interno y exportación.
Por otro lado, el uso de sistemas de gestión de datos y software de trazabilidad ha comenzado a generalizarse. Estas soluciones permiten integrar información de múltiples etapas del proceso productivo —alimentación, reproducción, crecimiento y sacrificio— en tiempo real, facilitando la toma de decisiones, el cumplimiento de normativas sanitarias y la transparencia para mercados internacionales.
De acuerdo con los informes del USDA y de SADER, se espera que la producción de carne de cerdo en México crezca de manera moderada hacia 2026, con un énfasis en mejorar la eficiencia y la sostenibilidad. La adopción tecnológica será determinante para:
Incrementar la productividad por animal, reduciendo el tiempo de engorde y mejorando la conversión alimenticia.
Reducir pérdidas por enfermedad, a través de monitoreo constante y control preventivo de brotes.
Garantizar trazabilidad y seguridad alimentaria, cumpliendo con los estándares requeridos para exportaciones y mercados locales.
Optimizar recursos, incluyendo agua, energía y alimentos, contribuyendo a la sostenibilidad del sector.
En este contexto, las inversiones en tecnología y capacitación del personal serán esenciales para que México pueda mantener su competitividad frente a mercados internacionales, especialmente en un entorno donde países como Estados Unidos y Brasil continúan expandiendo su producción con economías de escala y prácticas tecnificadas.
Aunque la modernización ofrece ventajas, existen retos significativos para el sector mexicano:
Costos de inversión inicial: no todas las granjas pueden acceder a tecnología de punta, especialmente unidades pequeñas.
Capacitación y profesionalización: el personal debe ser entrenado en manejo de sistemas digitales y protocolos de bioseguridad.
Dependencia de insumos importados: la alimentación porcina requiere maíz y soya, lo que puede generar vulnerabilidad frente a cambios de precios internacionales.
A pesar de estos desafíos, la adopción tecnológica también abre oportunidades para mejorar la sostenibilidad, incrementar la eficiencia energética y fortalecer la seguridad alimentaria nacional, al tiempo que se generan productos competitivos para el comercio internacional.
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