El virus del síndrome respiratorio y reproductivo porcino (PRRSV) sigue siendo en la actualidad uno de los patógenos que más mermas productivas produce en las explotaciones porcinas, tanto en las reproductoras como en los lechones.

La vacunación de las reproductoras se considera una alternativa para la prevención-control, no siendo tan común sin embargo la vacunación de los lechones.
Desde que se la llamara “la enfermedad misteriosa” o “la enfermedad azul” hasta la actualidad, ya han pasado casi 20 años de la identificación el virus del síndrome respiratorio y reproductor porcino.
Su impacto en las hembras reproductoras suele ser alto y visible, por lo que hoy en día la vacunación de las madres está en mayor o menor medida estandarizada.
Sin embargo la vacunación en lechones (en los que el PRRSV puede producir también importantes mermas económicas) es una alternativa menos valorada que en determinadas ocasiones puede ser una opción a tener en cuenta.
La industria farmacéutica veterinaria, centrándose en el desarrollo de la profilaxis vacunal, ha creado varias vacunas aunque no se ha encontrado aún ninguna eficaz al 100% para controlar la patogenicidad de este virus, debido principalmente a su gran variabilidad genética, infección prolongada, replicación celular especifica (en macrófagos pulmonares, ganglios y placenta) y su alta capacidad de mutación, debido a que su DNA polimerasa a la hora de replicar comete errores que no se corrigen, dando virus nuevos.

A pesar de ello, la evolución en el campo de los biológicos da lugar a vacunas que cada vez tienen mayor capacidad de protección parcial y/o control, ante un brote de PRRSV.
Actualmente en España, se vacuna el 80% de las reproductoras, frente a un 2-8% de los lechones (en contraste con EEUU, en el que actualmente se vacunan alrededor del 80% madres y el 78% de los lechones).
El coste económico estimado es de 150-250 euros/reproductora y de 5.3 a 8.03 euros/lechón. Una granja inestable, da como resultado que una cerda desteta aproximadamente 5 lechones menos durante su vida productiva y genera un coste añadido de 30-50 euros más por madre.
El coste por reproductora es considerablemente alto y al ser la base de la pirámide productiva, hay que poner primer lugar todos los medios para la preveción-crontrol-estabiliazación o negativización del hato reproductor, pero no debemos de ignorar el coste por cada lechón ya que el número de animales es mayor en las fases 2 y 3 tres que en la 1.
También de tener en cuenta que en cuanto mayor es el número de animales potencialmente sensibles a la enfermedad y más jóvenes son, habrá mayor tiempo de excreción vírica y mayor posibilidad de recirculaciones y desestabilización.
Explotaciones en la que haya una cepa de PRRSV de alta patogenicidad respiratoria, provocara en la transición y engorde un aumento de la mortalidad relacionada directamente con la enfermada vírica y/o en asociación con otros patógenos secundarios en mayor o menor medida, ya sean víricos (influenza) o bacterianos (micoplasma, actinobacylus plerineumoniae, haemonphilus parasuis…).
Además hay estudios en determinadas genéticas que relacionan un pase de PRRSV con posteriormente mayor incidencia de ulceras o trastornos digestivos.

En mi experiencia, para la prevención-control (o erradicación) del PRRSV, se debe empezar por los conceptos básicos, que muchas veces damos por hecho, pero la realidad del campo nos dice que no siempre se llevan a cabo de manera correcta:
En primer lugar, debemos intentar en la media de lo posible, acorde a la situación real de cada granja, mejorar las medidas de bioseguridad tanto internas como externas. No se trata de intentar redactar y realizar todas las medidas que existen, sino llevar a cabo aquellas que son realmente posibles. En cuantas más podamos hacer, menos posibilidades tendremos que nuestra explotación se infecte de PRRSV.
Algunos ejemplos de medidas básicas que deberíamos poder realizar a nivel externo:
Algunos ejemplos de bioseguridad a nivel interno:
En segundo lugar, es vital la formación y concienciación del personal que trabaja en granja, ya que reducirá las posibilidades de que se cree una brecha de bioseguridad que ponga en riesgo la explotación.
Es necesario tener en cuenta que sin unas nociones básicas de bioseguridad, la vacunación será insuficiente para conseguir los objetivos que nos marquemos, ya que no da una protección total frente al PRRSV.
Una vez que tengamos un protocolo de bioseguridad que pueda ser eficaz, se puede optar por la vacunación de los animales.
En mi experiencia en la vacunación de lechones, si bien ha de tenerse en cuenta:
La idiosincrasia propia de cada modelo productivo, puede provocar una protección parcial, disminuyendo el periodo de excreción y la cantidad de virus excretado, así como una reducción en el tiempo de los síntomas, lo cual proporciona una disminución de las mermas económico productivas (Mortalidad, GMD, IC, % de colas ect.…) producidas por el propio virus y/o patógenos secundarios.
Tras lo expuesto creo que el síndrome respiratorio y reproductor porcino, es una enfermedad de la que aún tenemos mucho que aprender ya que sigue siendo un desafío tanto para la industria farmacéutica, veterinarios y productores.
Tener un esquema claro de acción para el control de esta enfermedad (bioseguridad y vacunación), es la única manera de tener menos probabilidades de sufrir una infección, evitar su propagación por el resto de explotaciones cercanas o comunes en la empresa y disminuir el tiempo de infección y mermas productivas.
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