14 Sep 2026

Condición corporal y eficiencia reproductiva en las cerdas: implicaciones y estrategias de manejo

La condición corporal de las cerdas reproductoras es un factor importante para optimizar el rendimiento reproductivo, la salud de los lechones y la longevidad del rebaño. Un manejo nutricional estratégico en cada etapa del ciclo productivo permite mejorar la productividad y rentabilidad de la granja.

Condición corporal y eficiencia reproductiva en las cerdas: implicaciones y estrategias de manejo

La eficiencia reproductiva tiene un impacto directo sobre la productividad y rentabilidad del sistema de producción, siendo el tamaño de la camada uno de los parámetros reproductivos más importantes (Camargo et al., 2020).

En este contexto, los programas de mejora genética han seleccionado cerdas hiperprolíficas, con el objetivo de aumentar el número de lechones nacidos y destetados (Patterson et al., 2020).

Sin embargo, el aumento de la prolificidad ha estado acompañado por una disminución del peso al nacimiento y por camadas más desiguales, lo que compromete la viabilidad y vitalidad de los lechones y, en consecuencia, el número de animales destetados (Yuan et al., 2015).

Además, los partos se han vuelto más prolongados, con un mayor número de lechones muertos y casos de distocia, así como una menor ingesta de calostro por parte de los lechones (Li et al., 2020). A esto se suma que el catabolismo durante la lactancia es intenso en las cerdas con camadas numerosas (Bortolozzo et al., 2023).

Asimismo, la capacidad de la cerda para proporcionar calostro a todos los lechones puede verse limitada, ya que el número de lechones puede ser igual o incluso superior al número de pezones funcionales (Spinka, Illmann, 2015).

Diversos factores pueden influir en la tasa de descarte de las cerdas, entre ellos el sistema de alojamiento, el genotipo, el manejo, las enfermedades, la nutrición y las tendencias del mercado (Díaz et al., 2015).

En muchas granjas, las cerdas son descartadas antes de alcanzar su máxima productividad, que suele producirse entre el tercer y el quinto ciclo reproductivo (Lavery et al., 2019).

Garantizar que las cerdas mantengan una condición corporal adecuada es fundamental para afrontar estos desafíos. Sin embargo, las dietas para cerdas gestantes y lactantes se han formulado tradicionalmente siguiendo criterios generales, sin considerar las variaciones en su estado fisiológico y metabólico (Moehn et al., 2009).

Como consecuencia, pueden verse comprometidas la condición corporal, la eficiencia reproductiva y la longevidad de las cerdas.

Condición corporal y su impacto en la salud de la cerda y los lechones

La gestación es un período anabólico dinámico en el que aumentan los requerimientos nutricionales debido al crecimiento fetal y al desarrollo de los tejidos maternos asociados (Superchi et al., 2019).

El desarrollo fetal depende de diversos factores, como el estado nutricional de la cerda, el suministro de nutrientes al feto y la actividad de las hormonas metabólicas (Aye et al., 2013). En este contexto, las hembras con una condición corporal inadecuada pueden presentar una menor eficiencia reproductiva.

Las hembras gestantes presentan una relación cuadrática entre el espesor de la grasa dorsal y el rendimiento de la camada, con un nivel óptimo de aproximadamente 19-20 mm. Las hembras con un mayor espesor de grasa pueden producir camadas más ligeras debido a la inducción de alteraciones placentarias asociadas a la lipotoxicidad (Zhou et al., 2018).

Asimismo, una acumulación excesiva de grasa corporal (≥17 mm) antes del parto se asocia con una mayor duración del parto (Olivero et al., 2010). Los niveles elevados de grasa pueden interferir en el equilibrio de esteroides liposolubles, especialmente en la relación progesteronaógeno, que influye en la activación de los receptores de oxitocina (Russell et al., 2003), afectando las contracciones uterinas. Además, puede producirse una acumulación de grasa alrededor del canal del parto, dificultando el paso de los lechones (Muns et al., 2016).

Por otro lado, las hembras con una condición corporal deficiente presentan un inicio más tardío de la pubertad, alteraciones en la secreción de hormonas reproductivas y cambios en la duración de los ciclos estrales (Barb et al., 2006). Asimismo, un espesor de grasa lumbar de aproximadamente 14,7 mm se ha asociado con un retraso en la pubertad en comparación con valores superiores, de aproximadamente 17,8 mm (Rydhmer et al., 1994).

Al igual que las hembras con un exceso de grasa corporal, las cerdas gestantes con reservas corporales insuficientes pueden producir camadas más pequeñas, con lechones de menor peso y con crecimiento intrauterino restringido (Wu et al., 2006).

Un suministro nutricional inadecuado durante la gestación, como el proporcionado por dietas restringidas basadas en maíz y soja, puede provocar una ingesta insuficiente de aminoácidos y un crecimiento placentario subóptimo (Wu et al., 2017). También puede favorecer un aumento de la producción de especies reactivas de oxígeno, promoviendo el estrés oxidativo celular (Berchieri-Ronchi et al., 2011).

Por lo tanto, es fundamental mantener una condición corporal adecuada para obtener buenos resultados reproductivos y favorecer la longevidad del rebaño, mediante una nutrición equilibrada.

Manejo estratégico de la condición corporal de la cerda reproductora

Recría

A pesar de las diferencias entre líneas genéticas, se acepta generalmente como objetivo para el primer servicio un peso de 135-160 kg, con un espesor de grasa dorsal de 13-15 mm, alrededor de los 220-240 días de edad y con un mínimo de 180 días, durante el segundo o tercer estro (Theil et al., 2023; Faccin et al., 2022; Bruun et al., 2020).

Para alcanzar los objetivos de peso y espesor de grasa dorsal al primer servicio, es importante monitorizar el peso al nacimiento y al destete, así como la tasa de crecimiento de las hembras de reemplazo (Monteiro et al., 2025). Se recomienda un peso al nacimiento superior a 1 kg y un peso al destete superior a 5 kg para la selección de las futuras reproductoras, con el objetivo de favorecer la productividad y longevidad (Faccin et al., 2022).

En las etapas finales de la recría, las futuras reproductoras no deben manejarse como animales destinados exclusivamente a ganar peso, ya que es necesaria una adecuada deposición de grasa corporal para favorecer el inicio de la pubertad (Kim et al., 2015; Knecht et al., 2020). Por el contrario, un exceso de masa muscular puede resultar indeseable, ya que aumenta el coste metabólico al requerir una mayor ingesta de energía para su mantenimiento (Klaaborg et al., 2019).

La reducción del contenido de proteína de la dieta manteniendo el nivel energético puede favorecer el almacenamiento de grasa corporal (Gill et al., 2006).

Por ello, es necesario mantener una proporción equilibrada entre proteína y energía para evitar un exceso de masa muscular y una insuficiente deposición de grasa corporal.

Gestación

Durante toda la gestación, el objetivo debe ser mantener una condición corporal adecuada, siendo los primeros 30 días el período más favorable para recuperar las reservas corporales de las cerdas (Solà-Oriol et al., 2017).

Para recuperar la condición corporal, se recomienda utilizar dietas con niveles más elevados de proteína cruda en comparación con las dietas de mantenimiento, ya que favorecen la síntesis de proteínas y reducen la movilización de las reservas corporales, especialmente en las hembras jóvenes (Johannsen et al., 2024).

Durante la primera gestación, se recomienda un aumento de peso de entre 35 y 40 kg para favorecer el desarrollo materno y fetal y proteger a la cerda frente a los efectos negativos asociados con la pérdida de tejido magro durante la lactancia (Clowes et al., 2003b).

Las cerdas multíparas son más pesadas y ya han alcanzado su peso corporal adulto, a diferencia de las primíparas, que todavía se encuentran en una etapa de crecimiento (Ampode et al., 2023). Según Carrión-López et al. (2022), el aumento de peso y la pérdida de grasa corporal son más pronunciados en las cerdas primíparas que en las multíparas.

Según Muro et al. (2022), el objetivo debe ser mantener a las cerdas de reemplazo y a las cerdas reproductoras dentro de un rango de 16-20 mm y 15-19 mm de espesor de grasa dorsal, respectivamente, correspondiente a 12,5-14,0 unidades en la medición mediante pinza y a una puntuación visual de 3-3,5, independientemente de la fase del ciclo reproductivo. En cuanto a las mediciones del área y profundidad del músculo longissimus, todavía no existen suficientes estudios que permitan establecer un valor óptimo.

Lactancia

Durante la transición entre la gestación y la lactancia, las cerdas entran en un estado catabólico debido al crecimiento exponencial de los fetos, el intenso desarrollo de la glándula mamaria, el comportamiento de construcción del nido, el parto y la producción de calostro (Feyera; Theil, 2017).

Además, durante la lactancia, el consumo voluntario de alimento puede verse limitado por factores metabólicos y hormonales (Eissen et al., 2000).

Cuando el aumento de las necesidades energéticas no puede cubrirse mediante la ingesta de alimento, se movilizan las reservas corporales, lo que provoca una pérdida de peso. Cuando esta pérdida es excesiva, pueden producirse reducciones en la producción de leche y en el rendimiento reproductivo posterior (Bergsma et al., 2009).

Por lo tanto, es necesario maximizar el consumo de alimento durante la lactancia mediante estrategias de manejo, selección genética y modificaciones en las características del alimento (Noblet et al., 1998).

Desde el punto de vista nutricional, la inclusión de fibra dietética en las dietas durante la gestación puede favorecer el consumo de alimento durante la lactancia (Agyekum et al., 2019). Esto se relaciona con el mayor volumen de alimento ingerido durante la gestación, que contribuye a adaptar el tracto gastrointestinal al aumento brusco de la ingesta necesario para satisfacer las elevadas demandas energéticas de la lactancia (Matte et al., 1994).

Consideraciones finales

La condición corporal de las cerdas influye significativamente en el rendimiento reproductivo y en la longevidad del rebaño. Una condición corporal inadecuada, tanto por exceso como por defecto, se asocia con alteraciones reproductivas, como un menor número de lechones nacidos, menores tasas de destete, reducción de la producción de leche durante la lactancia, fallos reproductivos posteriores y un aumento de la tasa de descarte de las cerdas.

En el contexto actual de hiperprolificidad, la condición corporal de las hembras reproductoras debe monitorizarse de forma estratégica y continua a lo largo de todo el ciclo reproductivo, teniendo en cuenta las particularidades fisiológicas de cada etapa.

El uso de métodos de evaluación objetivos, como la medición del espesor de la grasa dorsal, permite realizar un manejo nutricional más preciso, con un impacto directo sobre la rentabilidad del sistema de producción y también sobre la salud y el bienestar de los animales.

Fuente: PorkBrasil, 2.º trimestre de 2026

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