17 Sep 2026

Diarrea Epidémica Porcina: claves para el manejo y la prevención en granja

Conoce las claves para prevenir y manejar la Diarrea Epidémica Porcina, desde la inmunización de reproductoras hasta la bioseguridad y limpieza.

Diarrea Epidémica Porcina: claves para el manejo y la prevención en granja

La Diarrea Epidémica Porcina (DEP) es una enfermedad viral que representa un desafío sanitario para las explotaciones porcinas, especialmente cuando afecta a granjas sin inmunidad previa. Su rápida transmisión, el corto periodo de incubación y el impacto que puede generar en los lechones hacen que la prevención, el manejo y la bioseguridad sean elementos fundamentales para reducir sus efectos productivos.

De acuerdo con los puntos abordados por Laura Pérez, conocer el comportamiento del virus y establecer protocolos adecuados permite mejorar la respuesta de las granjas ante la aparición de casos.

DEP: un coronavirus de rápida transmisión

La DEP es causada por un coronavirus y se caracteriza por presentar una elevada capacidad de transmisión. Una cantidad muy pequeña de virus puede ser suficiente para provocar la infección, mientras que su periodo de incubación es corto, de aproximadamente 24 a 36 horas.

Los primeros signos clínicos pueden observarse pocos días después del contacto con el patógeno. La intensidad del cuadro depende, entre otros factores, del estado inmunitario de la explotación.

En granjas con antecedentes de exposición al virus puede existir cierto nivel de inmunidad que ayude a reducir el impacto productivo. Por el contrario, cuando la enfermedad ingresa a una explotación sin inmunidad previa, sus efectos pueden ser considerablemente mayores.

Entre los principales signos de la DEP se encuentran:

El proceso entérico suele prolongarse entre 7 y 14 días. El virus afecta las células intestinales y provoca la destrucción de las microvellosidades, comprometiendo la capacidad del animal para absorber nutrientes y agua.

Los lechones lactantes, los más vulnerables

El impacto de la DEP varía considerablemente según la etapa productiva. En lechones lactantes de cerdas sin inmunidad previa, particularmente en animales menores de dos semanas, la mortalidad puede llegar a ser muy elevada. Los animales de menor edad son especialmente susceptibles debido a la severidad de la diarrea y a la deshidratación que puede provocar.

Las cerdas primerizas y sus camadas también representan un punto crítico cuando no existe inmunidad frente al virus. Si la infección ocurre alrededor del parto, la cerda puede presentar un cuadro de apatía y una reducción importante de la producción de leche, afectando directamente la supervivencia de los lechones.

En animales adultos y de engorde, el cuadro suele ser menos grave y generalmente se supera en un periodo de 7 a 14 días. Sin embargo, la presencia simultánea de otros agentes, como los asociados con disentería porcina o Lawsonia, puede complicar la evolución.

Inmunización de las reproductoras: un punto clave

Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico que elimine la infección por DEP, por lo que el manejo sanitario debe enfocarse en reducir el impacto de la enfermedad y favorecer la generación de inmunidad.

Uno de los aspectos destacados es la importancia de la inmunidad materna. El objetivo es que las reproductoras desarrollen una respuesta inmunitaria antes del parto, de manera que puedan transmitir anticuerpos a los lechones a través de la leche.

En este contexto, se plantea que la exposición de las cerdas al virus ocurra aproximadamente 10 a 12 días antes del parto, permitiendo que desarrollen anticuerpos que posteriormente contribuyan a proteger a los lechones.

La estrategia sanitaria debe ser definida y supervisada por el equipo veterinario de cada explotación, considerando su situación epidemiológica.

La utilización de feedback, que anteriormente consistía en administrar material procedente de animales afectados para provocar una exposición controlada, presenta importantes riesgos.

Uno de los principales problemas es la imposibilidad de controlar con precisión la carga viral y los agentes presentes en el material utilizado, lo que puede favorecer la aparición de otros problemas sanitarios.

Por ello, este tipo de prácticas debe evitarse y sustituirse por estrategias de inmunización y manejo establecidas de acuerdo con las condiciones de cada granja.

Ante la aparición de un brote, la investigación epidemiológica es fundamental. Una de las primeras acciones consiste en revisar los movimientos y posibles entradas de riesgo durante los siete días anteriores a la detección de los signos.

Entre los puntos que deben analizarse se encuentran:

Cuando una explotación es positiva, es importante comunicar esta situación a las personas que puedan tener contacto con ella y reforzar las medidas de bioseguridad.

Las visitas a una granja afectada deben programarse de manera que no se visite posteriormente otra explotación, reduciendo así el riesgo de transmisión mecánica del virus.

Limpieza y desinfección después de un brote

La eliminación de la materia orgánica es una de las etapas esenciales del proceso de limpieza. Antes de aplicar un desinfectante, es necesario retirar las heces y otros residuos y realizar un lavado profundo de las instalaciones.

La limpieza debe incluir superficies, paredes, pisos, comederos, bebederos y chupetes, prestando especial atención a aquellos puntos donde pueda permanecer materia orgánica.

Posteriormente, debe aplicarse un desinfectante adecuado y siguiendo las indicaciones del fabricante, dentro de un protocolo integral de limpieza y desinfección.

La prevención como herramienta sanitaria

La DEP demuestra la importancia de mantener una estrategia de bioseguridad que abarque tanto la entrada de personas y vehículos como la gestión de animales y materiales dentro de la explotación.

La vigilancia de los signos clínicos, la investigación de posibles vías de entrada, la limpieza y desinfección y una estrategia adecuada de inmunización de las reproductoras son elementos que pueden contribuir a disminuir el impacto de la enfermedad.

Para las granjas porcinas, prevenir la entrada del virus y contar con protocolos definidos de actuación resulta fundamental para proteger especialmente a las camadas y mantener la estabilidad sanitaria de la explotación.

Consulta la cápsula completa aquí.

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