La nueva presidenta de ASPE y gerente general de Topigs Norsvin Ecuador traza la hoja de ruta de un sector que se transforma, innova y produce alimento de calidad para el país.

Mirza González, gerente general de Topigs Norsvin Ecuador y nueva presidenta de la Asociación de Porcicultores del Ecuador (ASPE), traza una hoja de ruta ambiciosa para un sector que lleva décadas transformándose en silencio y que hoy busca ocupar el lugar que le corresponde en la mesa y en la economía del país.
Con más de 28 años en el sector y dos administraciones previas como vicepresidenta del gremio, González asume por primera vez la presidencia de ASPE con un equipo consolidado y una agenda definida en torno a tres pilares: sanidad, calidad y competitividad.
Una industria que ya no es la de antes
La nueva presidenta describe una porcicultura irreconocible frente a la de hace dos o tres décadas. Las granjas modernas incorporan inteligencia artificial en el control de ventilación, alimentación y laboratorios, aplican estrictos protocolos sanitarios y operan bajo estándares técnicos que sorprenden incluso a quienes las visitan por primera vez. «Cuando los universitarios van y visitan, dicen: esto es producir cerdo», afirmó González.
A esto se suma un avance concreto hacia la economía circular. Las granjas ya no generan residuos, sino fertilizantes orgánicos libres de químicos que abastecen a cultivos y florícolas en distintas regiones del país. «Nosotros no producimos secas, producimos un fertilizante que está yendo a plantaciones, que está yendo a flores», explicó.
El reto del consumo y la competitividad
Ecuador consume actualmente 12 kilogramos de carne de cerdo por persona al año, una cifra que González considera insuficiente pero cargada de potencial. El ecuatoriano consume cerdo por gusto y no por necesidad, lo que abre un amplio espacio para el mercadeo y el posicionamiento de la proteína en nuevos segmentos, desde cortes premium como bondiola o secreto hasta opciones cotidianas orientadas al deporte y la alimentación saludable.
Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. El alto costo del maíz, principal materia prima de la producción porcina, presiona la competitividad del sector. A esto se suman retos sanitarios y un nuevo escenario comercial derivado del acuerdo con Estados Unidos, que obliga al gremio a fortalecerse con mayor urgencia.
Relevo generacional y orgullo productor
Uno de los temas que más preocupa y motiva a González es el relevo generacional. A diferencia de lo que ocurre en otros países donde la juventud se aleja del campo, en Ecuador hay señales alentadoras: cada vez más hijos de porcicultores se están formando profesionalmente para continuar y modernizar los negocios familiares. Para la presidenta de ASPE, esa tendencia hay que cultivarla desde las universidades y las escuelas.
«Tenemos que prepararnos para que las universidades y las escuelas vean que el sector lo está haciendo bien. La producción en campo no es mala, es buena», sostuvo.
La meta final es clara: que el Ecuador sepa que detrás de cada corte de cerdo hay una industria tecnificada, responsable y comprometida con la soberanía alimentaria del país. «No producimos cerdo, producimos alimento para el Ecuador y para el mundo», concluyó González.
Para acceder a la entrevista:
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